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Coronel, solo con ver algunas reacciones furibundas- y manipuladoras- ya tenemos un estudio sociológico de lo que significa "meter dedo en llaga". Tú ya me entiendes. Porque sabes que hay. Es fascinante. Y no se cortan oye. Y los seguidores bien instruidos a trabajar en red.— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

October 22, 2020 at 07:25PM
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Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/10/19/Voyager2-kmrD--620x349@abc.jpg">Media</a>Hoy en día todos hemos podido ver impresionantes imágenes de Plutón o Saturno, o instantáneas tomadas desde la superficie de Marte. Pero hace solo unas décadas ninguna persona había visto algo así. En gran parte, este cambio de perspectiva se lo debemos a las naves Voyager 1 y 2, de la NASA, que en los años setenta y ochenta exploraron los gigantes gaseosos y tomaron fotografías increíbles de nuestro vecindario. Esas naves siguen funcionando más de 40 años después de su lanzamiento y ya se han convertido en los artefactos humanos que más lejos han llegado. De hecho, ambas viajan ya por el espacio interestelar (desde 2012, en el caso de la Voyager 1, y desde 2017, en el caso de la Voyager 2), una región situada más allá de la heliosfera, la burbuja en la que el viento solar se impone al medio situado más allá. Esta semana, un artículo publicado en «The Astrophysical Journal Letters» ha informado de que la Voyager 2 se ha encontrado con una región de mayor densidad en el espacio interestelar. Este hallazgo confirma que una detección similar de la Voyager 1 no es un error y que ahí fuera existe una gran región en la que la densidad del espacio sufre una importante oscilación. Lo más interesante es que se desconoce el motivo. El frente del viento solar Para entender todo esto, hay que recordar que el Sol es una central nuclear de fusión que produce un intenso viento solar, un importante flujo de protones, electrones y partículas alfa. Esta corriente se adentra en el espacio en todas direcciones, y desplaza al medio interestelar, situado más allá, creando un frente de choque o frontera, conocido como heliopausa. En azul la heliosfera, la zona dominada por el viento solar - NASA/JPL-Caltech Esta heliopausa oscila, en función de las condiciones. El efecto recuerda al frente de choque que se forma cuando un chorro de agua del grifo choca contra las paredes de la pila, en la cocina, y se expande en todas direcciones. Dado que el Sol se está moviendo en relación con el espacio interestelar, la heliosfera no tiene forma de esfera, sino más bien de lágrima, con una nariz apuntada en la dirección hacia la que avanza el Sol (y todos los planetas) y una cola detrás. Llegada a los límites Pues bien, hace unos años las Voyager atravesaron la nariz de la heliosfera, en distintos puntos, y se encontraron con la zona donde la densidad del viento solar se desploma y da lugar al espacio interestelar, dominado por la energía que llega de las otras estrellas de la galaxia. Sus instrumentos se dedican ahora a estudiar la naturaleza de este espacio interestelar. Es por eso que descubrieron que, frente a la heliosfera, donde hay 3 protones y 10 electrones por centímetro cúbico, al pasar la heliopausa disminuye la concentración de partículas en el espacio. En concreto, la Voyager 1 detectó una densidad de 0,055 electrones por centímetro cúbico en el espacio interestelar, mientras que la Voyager 2 detectó 0,039. Un ligero aumento de densidad Lo que el actual estudio analiza ocurrió cuando ambas naves recorrieron varios miles de millones de kilómetros más, tras atravesar la heliopausa. Después de dejar atrás unas 20 unidades astronómicas (es decir, 2.900 millones de kilómetros), la Voyager 1 detectó un incremento de 0,13 electrones por centímetro cúbico. Ya en junio de 2019, la Voyager 12 detectó un aumento de 0,12 electrones por centímetro cúbico, esta vez a una distancia mucho mayor de la heliopausa, a 124,2 unidades astronómicas. Estos cambios son pequeños, pero son muy relevantes para los científicos, sobre todo porque no saben qué los está generando. Una teoría es que el campo magnético interestelar es más fuerte en las proximidades de la heliopausa, lo que elimina parte del plasma, y de las partículas, en esta zona. Otra idea es que el material procedente del viento interestelar pierde velocidad según se acerca a la heliopausa. De hecho…
Noticias #eXplora MediaLos físicos llevan años buscándola en vano. Sabemos que está ahí, porque su atracción gravitatoria obliga a estrellas y galaxias a moverse de formas que de otro modo serían inexplicables. Pero nadie ha visto aún un «pedazo» de materia oscura, ni tampoco se han encontrado las desconocidas partículas de las que se supone que está hecha. Ahora, un equipo de investigadores de la universidad australiana de Melbourne ha propuesto una teoría totalmente nueva sobre el origen de la materia oscura. Una que podría ayudar a investigadores de todo el mundo a observar, por fin, la misteriosa sustancia. La teoría, que ha sido publicada en Physical Review Letters, sostiene que la materia oscura podría explicarse como una especie de «burbujas en expansión» en el Universo primitivo. «El mecanismo que proponemos -explica Michael Baker, uno de los autores- indica que la abundancia de materia oscura pudo haber sido determinada durante una transición de fase cosmológica. Dicha transición debió de tener lugar en el universo temprano, y pudo ser similar a las burbujas de gas que se forman en el agua hirviendo. Demostramos que es natural esperar que a las partículas de materia oscura les resulte muy difícil entrar en estas burbujas, lo que ofrece una nueva explicación a la cantidad de materia oscura observada en el Universo». El 80% de toda la materia Los cálculos indican que la materia oscura constituye alrededor del 80% de toda la materia que existe. Y es, por lo tanto, cinco veces más abundante que la materia ordinaria, de la que están hechas todas las estrellas y galaxias que podemos ver. Son muchos los experimentos que han tratado de encontrar las partículas constituyentes de la materia oscura, pero hasta ahora ninguno de ellos ha tenido éxito. La mayoría de esos experimentos ha buscado principalmente «WIMPs», partículas muy masivas y de poca o ninguna interacción con la materia corriente. Pero el hecho de no haber encontrado nada es lo que motiva a los físicos teóricos a generar nuevas ideas que se salgan de lo ordinario. «Sabemos que la materia oscura está ahí fuera -dice Baker-, pero no sabemos mucho más. Si se trata de una nueva partícula, es muy probable que podamos detectarla en un laboratorio. Así podríamos precisar sus propiedades, como su masa e interacciones, y aprender algo nuevo y profundo sobre la naturaleza del Universo». La investigación, en la que también participó Andrew Long, de la Universidad Rice, en Tejas, y Joachim Kopp, del CERN, señala el camino para nuevas estrategias experimentales en la búsqueda de materia oscura. Buscar partículas más pesadas «Un aspecto interesante de la idea -explica Kopp- es que funciona para partículas de materia oscura que sean mucho más pesadas que la mayoría de los otros candidatos, como las famosas partículas masivas de interacción débil (WIMPs), en las que se han centrado la mayoría de las búsquedas experimentales hasta ahora. Nuestro trabajo, por tanto, extiende la búsqueda de materia oscura hacia masas más pesadas". En otras palabras, la nueva teoría ayudará a impulsar experimentos totalmente nuevos y que podrán probar con una gama más amplia de posibles candidatos a materia oscura, dando a los científicos una nueva oportunidad para descubrirla.

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Noticias #eXplora MediaLa NASA va a anunciar de forma inminente un «nuevo y emocionante descubrimiento sobre la Luna», tal y como ha avanzado la agencia aerospacial estadounidense en un comunicado. Del evento, que tendrá lugar el próximo 26 de octubre a las 12 PM EDT (16 hora peninsular), poco se sabe hasta ahora, si bien la rueda de prensa se ofrecerá en abierto y online para todo el mundo, por lo que promete ser un hallazgo de gran relevancia. Entre los detalles que ha dado a conocer la NASA está el instrumento con el que se ha conseguido recabar estos datos: el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja (SOFIA). Se trata de un observatorio peculiar, ya que en realidad se trata de un avión Boeing 747 modificado, que posee un orificio con un gran telescopio reflector acoplado, el más grande a bordo de un vehículo aéreo. A diferencia de los telescopios terrestres, SOFIA se eleva hasta los 11 kilómetros sobre el suelo, en lo alto de la estratosfera dela Tierra. Aquí, el observatorio puede alejarse del 99% de la capa atmosférica, lo que le permite estudiar el Universo infrarrojo y obtener una vista privilegiada del espacio. Entre sus logros, SOFIA consiguió observar oxígeno atómico en la atmósfera de Marte por primera vez en 40 años; también pudo establecer la primera detección de una unión molecular en el espacio; y ha apoyado con sus datos muchos estudios sobre colisiones de exoplanetas o los corazones de las galaxias, incluyendo una visión infrarroja de nuestra Vía Láctea. NASA / SOFIA / JPL-Caltech / ESA / Herschel «La movilidad del observatorio permite a los investigadores observar desde casi cualquier lugar del mundo y permite estudios de eventos transitorios que a menudo tienen lugar sobre océanos, donde no hay telescopios», explican desde la agencia espacial. «Por ejemplo, los astrónomos de SOFIA estudiaron eventos similares a eclipses de Plutón, la luna Titán de Saturno y el objeto MU69 del cinturón de Kuiper». Sin embargo, parece que esta vez, SOFIA ha puesto su mirada mucho más cerca. «El nuevo descubrimiento contribuye a los esfuerzos de la NASA para aprender sobre la Luna en apoyo de la exploración del espacio profundo», afirma la agencia, que también ha adelantado que los participantes en la rueda de prensa incluyen a Naseem Rangwala, del Centro de Investigación Ames de la NASA y científico del proyecto para la misión SOFIA; Jacob Bleacher, científico jefe de la Dirección de Misiones de Exploración y Operaciones Humanas de la NASA; Paul Hertz, director de la división de astrofísica en la sede de la NASA; y Casey Honniball, becario postdoctoral en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. Esta «lista de invitados» sugiere claramente que el hallazgo tendrá algo que ver con el programa Artemis, la misión que busca volver a poner humanos (y a la primera mujer) en la superficie de la Luna en el año 2024, además de establecer una base permanente en nuestro satélite de cara a un punto intermedio en la exploración de Marte, prevista para la década de 2030. Habrá que esperar hasta el lunes para saber qué sorpresas tiene preparadas la NASA.

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“Leo Poon, consultor de la OMS, me insistió una y otra vez que no podía cruzar la línea roja. Si lo hacía, me metería en problemas y me harían desaparecer. Querían que mantuviese la boca cerrada” #Horizonte pic.twitter.com/El3ZnE2YXA— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

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