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Los astrónomos <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Roger_Penrose">Roger Penrose, <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Reinhard_Genzel">Reinhard Genzel y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_M._Ghez">Andrea Ghez se han hecho con el <strong>premio Nobel de Física de 2020</strong>. El primero de los científicos ha obtenido la mitad del galardón por la demostración fáctica de la existencia <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/articulo.aspx?id=15958&preview=1&noutil=c2e8a81615b241cc8ff763733b4ef660&token=YkZuaaLYFoIkNR5YTshGr9RNtt1dQggIsBhrcG9aq5%2b%2b1PzkHslFY2PwCQgidef5EVuwqMWqelhLoq4PbhMc8A%2bvOOWxKO5CoflHqb4QwwQ7kyu55z9Ne%2flbmEoNkk9xAsLCEOKUjhzAqNz0c%2bBJcd6xBR7jO6L1wowJV7FDC8U%3d">de los agujeros negros, siguiendo los preceptos de <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/100-anos-de-la-teoria-de-la-relatividad-general_9899">la teoría de la relatividad de Einstein. Los otros dos investigadores han sido distinguidos por el descubrimiento de un objeto supermasivo en el centro de la Vía Láctea, a unos 26.000 años luz de nuestro planeta.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2020/10/06/secccion-transversal-de-un-agujeronegro_def49eef_800x1102.jpg">Seccción transversal de un agujero negroEl año pasado tuvieron lugar dos descubrimientos astronómicos que dieron la vuelta al mundo y espolearon a la comunidad científica. El primero de ellos fue <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/consiguen-primeras-imagenes-agujero-negro_14149">la primera imagen de un agujero negro, lo que suponía la prueba irrefutable de la existencia de este evento supermasivo. Los científicos del <a href="https://eventhorizontelescope.org/">EHT (Event Horizon Telescope), (Telescopio de horizonte de sucesos, por sus siglas en inglés), enseñaron al mundo una imagen de un agujero situado a 55 millones de años luz, en la constelación de Virgo, elaborada a partir de los datos obtenidos de la radiación que había quedado atrapada en el campo gravitatorio del evento masivo.El hallazgo supuso <strong>la confirmación definitiva de la existencia de estos fenómenos, cuya existencia había sido deducida, aunque nunca probada empíricamente</strong>, por la teoría de la <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/100-anos-de-la-teoria-de-la-relatividad-general_9899">relatividad general de Eisntein, quien, sin embargo, consideraba que la mera existencia de un evento tan supermasivo que nada pudiera escapar a su atracción, ni siquiera la luz, era una idea demasiado absurda com para ser real.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2020/10/06/posicion-de-sagitario-a-con-respecto-a-la-via-lactea_60fb2907_800x381.jpg">Posición de Sagitario A* con respecto a la Vía LácteaEl segundo fue <strong>la detección de Sagitario A*, un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a unos cuatro millones de soles</strong>, situado en el centro de la Vía Láctea. Los expertos descubrieron una estrella que orbita a su alrededor siguiendo una trayectoria elíptica muy pronunciada. Según la teoría de la relatividad general, los fotones que se encuentran en el punto más cercano de la órbita deberían perder energía, un hecho que los científicos habían intentado probar en 2018, aunque no confirmar. <strong>El año pasado, un equipo científico liderado por Reinhard Genzel y Andrea Ghez comprobaron empíricamente su existencia</strong>analizando las mediciones tomadas por el telescopio Keck de Hawaii durante los meses de máximo acercamiento entre el astro y el agujero negro.Los científicos comprobaron la existencia de este evento supermasivo a través de las mediciones precisas de los datos proporcionados por el observatorio espacial Keck, en HawaiAsí pues, el premio Nobel de este año ha sido compartido entre los científicos que desarrollaron estos dos descubrimientos.Una vida dedicada a la astrofísicaPara llegar a conseguir el preciado premio Nobel estos tres científicos han dedicado su vida a la ciencia. Por ejemplo…
Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/06/eso19-kLKI--620x349@abc.jpg">Media</a>Tres investigadores, el británico Roger Penrose, el alemán Reinhard Genzel y la estadounidense Andrea Ghez, han ganado este martes el premio Nobel de Física por sus descubrimientos sobre los agujeros negros, «los secretos más oscuros del Universo», según la Real Academia de Ciencias sueca. Explicamos el galardón en cinco claves. ¿Qué es un agujero negro? Un agujero negro es una masa tan pesada que puede doblar el espacio y el tiempo. Es un concepto tan abstracto que incluso Albert Einstein, el responsable de teorizar acerca de estos «monstruos» creados por la explosión de estrellas gigantes, no tenía claro que existieran en realidad. Son tan voraces que no solo son capaces de atrapar la luz -de ahí que no se puedan ver a simple vista-, sino también la materia y el propio espacio-tiempo en su interior. Además, los hay de varios tipos y tamaños. Como los supermasivos, en los centros de las galaxias (incluido Sagitario A*, que «observaron» por primera vez Ghez y Genzel ), bestias gigantescas que pueden tener millones, o incluso miles de millones de veces más masa de la que tiene el Sol. También los hay de tamaño planetario, formados cuando las estrellas más grandes y pesadas explotan como supernovas. Se supone que existen también los de masa intermedia, ni tan grandes como los supermasivos ni tan pequeños como los planetarios. Y luego están los agujeros negros primordiales, que según algunas teorías, deberían haberse formado en enormes cantidades durante el Big Bang y cuyo rango de tamaños va desde lo microscópico (con masas de menos de un kilogramo), a los pocos metros, con masas inferiores a las de una estrella. «No sabemos qué hay dentro de un agujero negro y eso es lo que los hace tan fascinantes», afirmaba Ghez durante la rueda de prensa posterior al anuncio del Premio Nobel de Física 2020. ¿Qué han descubierto? La relación de los agujeros negros con la teoría general de la relatividad de Albert Einstein, aportación de Roger Penrose gracias a ingeniosos métodos matemáticos. El físico describió con detalle estos objetos, que esconden una singularidad en la que cesan todas las leyes conocidas de la naturaleza. Y el hallazgo de uno de ellos en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, descubrimiento de Ghez y Genzel. ¿Por qué es importante? El trabajo de Penrose sobre agujeros negros se considera la contribución más importante a la famosa teoría general de la relatividad desde Einstein. Ghez y Genzel nos han permitido saber qué hay en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, y por qué las estrellas se comportan allí de forma insólita. Han logrado desarrollar métodos e instrumentos para ver a través de las enormes nubes de gas y polvo interestelar hasta el centro galáctico. ¿Tiene aplicaciones prácticas? La mayor parte de las aplicaciones de los hallazgos realizados por los premiados con el Nobel de Física 2020 están relacionadas con el campo de la teoría: sirven de base para otras muchas investigaciones y sobre todo para la comprensión del universo. Por ejemplo, están detrás de la primera imagen tomada de un agujero negro supermasivo en M87, una galaxia a 55 millones de años luz de nosotros. Ahora mismo hay investigaciones en curso para poder observar Sagitario A*. «Yo creo que no se tardarán más de cinco años, es tan solo una cuestión técnica que sabemos cómo resolver», contaba a ABC Antxón Alberdi, director del Instituto de Astrofísica de Andalucía y uno de los organismos involucrados en la histórica instantánea. Pero bajando a la Tierra, el conocimiento proporcionado por los descubrimientos de estos galardonados ha servido para sentar las bases de aplicaciones más «mundanas», como las herramientas de navegación (como el GPS) o los primeros ordenadores cuánticos, el futuro de la informática. Lo que aún no sabemos A pesar de que cada uno de los hallazgos premiados supuso un enorme empujón para la astrofísica…
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El demonio de Tasmania (<em>Sarcophilus harrisii</em>) <strong>ha vuelto a la que un día fue su casa 3.000 años después</strong>. Lo hace gracias a <a href="https://devilcomeback.org">Devil Comeback</a>, un ambicioso proyecto de reintroducción de la especie en la Australia continental que ha conseguido liberar <strong>un total de 26 ejemplares</strong> en el santuario natural de Barrington Tops, un enclave de 400 hectáreas situado en el estado de Nueva Gales del Sur, al este del país.La iniciativa la han llevado a cabo <a href="https://www.aussieark.org.au">Aussie Ark</a>, <a href="https://www.globalwildlife.org">Global Wildlife Conservation</a> y <a href="https://wildark.org">WildArk</a>, tres organizaciones conservacionistas que llevan trabajando durante una década con la esperanza de que, algún día, estos feroces marsupiales proliferen en su antiguo hogar y consigan ganarle el pulso a la extinción.El demonio de Tasmania, también conocido como <strong>diablo de Tasmania</strong>, es una de las especies más icónicas del planeta y le debe su nombre a la isla australiana a la que llama hogar. La llegada de especies como el dingo (<em>Canis lupus dingo</em>) hace más de tres milenios, expertos cazadores en manada, hizo que <strong>estos marsupiales se extinguiesen en la Australia continental</strong> y que sus poblaciones se redujesen únicamente a la isla de Tasmania, situada en el extremo sur del país.Los 26 ejemplares reintroducidos en Australia continental suponen la vuelta del marsupial carnívoro más grande del mundo al que fue su hogar.<a href="https://www.nationalgeographic.com.es/medio/2020/10/06/el-personal-de-aussie-ark-libera-15-de-los-26-ejemplares-en-el-santuario-natural-de-barrington-tops_1de448e4_800x450.jpg">El personal de Aussie Ark libera 15 de los 26 ejemplares en el santuario natural de Barrington Tops.</a>Con una <strong>población en declive y en peligro de extinción</strong>, la especie ya había sido introducida en la <a href="https://www.iucnredlist.org/species/40540/10331066">Lista Roja de Especies Amenazadas</a> que elabora la <a href="https://www.iucn.org/es">IUCN</a>, pero la caza y el surgimiento de un tipo de <strong>cáncer facial contagioso</strong> (Devil Facial Tumor Disease) que solo ataca a los demonios de Tasmania ha hecho que la población de estos marsupiales se haya reducido en un 90%, con tan solo <strong>25.000 ejemplares</strong> en la actualidad. Este tumor es único en el mundo y tiene la capacidad de transmitirse entre los ejemplares de esta especie, por lo que hace más de diez años saltaron todas las alarmas y Aussie Ark comenzó a trabajar para tratar de dar una alternativa sostenible a estos carnívoros australianos.La idea no se basaba únicamente en fortalecer las comunidades de demonios de Tasmania, sino que el principal objetivo era repoblar los bosques del que fue su antiguo hogar: Australia continental. Tim Faulkner lleva más de una década dirigiendo el proyecto y sus primeras impresiones no podrían ser más positivas: "no solo estamos ante la reintroducción de una de las especies más queridas de Australia, sino que se trata de un <strong>animal que va a ser un actor clave en su entorno, reparando y equilibrando la ecología de nuestros bosques</strong> después de siglos de devastación causada por la introducción de zorros, gatos y otros depredadores invasivos".El rol del demonio de Tasmania dentro de su ecosistemaFaulkner se refiere a todos los animales que llegaron con los colonos europeos a la isla, especies que estaban habituadas a los bosques europeos antes de partir hacia territorio australiano y que proliferaron en un entorno nuevo. Con su llegada, las poblaciones de pequeños mamíferos endémicos de Australia comenzaron un declive que ahora tratan de frenar con la introducción del demonio de Tasmania, el <strong>marsupial carnívoro más grande del mundo y un excelente carroñero</strong> que ayudará a mantener el terreno libre de enfermedades.<a href="https://www.nationalgeograph…
Noticias #eXplora <a href="https://static3.abc.es/media/ciencia/2020/10/05/AdobeStock_333525361-kO2H--620x349@abc.jpg">Media</a>Lápiz y papel. No hay más truco. En una época en la que las pantallas han invadido las aulas y en la que la enseñanza se ha digitalizado al menos en parte, hay quien reclama los viejos métodos por el bien de los niños. Un grupo de investigadores noruegos ha dado a conocer un nuevo estudio que demuestra que, frente al teclado, la escritura a mano mejora el aprendizaje y la memoria. No es el primero en afirmarlo, pero sí el primero que llega a esas conclusiones tras echar un vistazo al funcionamiento del cerebro de los niños. Audry Van der Meer y sus colegas de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología ya se interesaron por este asunto en 2017. Entonces, examinaron la actividad cerebral de 20 estudiantes. Ahora, han hecho lo mismo con doce adultos jóvenes y doce niños. En las dos ocasiones han utilizado electroencefalogramas (EEG) para rastrear y registrar la actividad de las ondas cerebrales. Los participantes usaron una capucha con más de 250 electrodos conectados. El cerebro produce impulsos eléctricos cuando está activo. Los sensores de los electrodos son muy sensibles y captan la actividad eléctrica que tiene lugar en el cerebro. Cada examen se prolongó durante 45 minutos y los investigadores recibieron 500 puntos de datos por segundo. Los resultados mostraron que el cerebro de los adultos jóvenes y los niños es mucho más activo cuando se escribe a mano que cuando se escribe en un teclado. «Ganchos» para recuerdos «El uso de lápiz y papel le da al cerebro más 'ganchos' para colgar sus recuerdos. Escribir a mano crea mucha más actividad en las partes sensoriomotoras del cerebro. Muchos sentidos se activan presionando el lápiz sobre el papel, viendo la letras que escribes y escuchar el sonido que haces mientras escribes. Estas experiencias sensoriales crean contacto entre diferentes partes del cerebro y abren el cerebro para el aprendizaje. Ambos aprendemos mejor y recordamos mejor», dice Van der Meer. La investigadora cree que sus propios estudios y los de otros enfatizan la importancia de que los niños tengan el desafío de dibujar y escribir a una edad temprana, especialmente en la escuela. Sin embargo, reconoce que la realidad digital actual es que escribir, tocar y pasar frente a la pantalla son una parte importante de la vida cotidiana de los menores. Muchos niños y adolescentes se conectan a internet y tienen smartphones, lo que les hace pasar un tiempo considerable frente a una pantalla, que se ve incrementado por el creciente énfasis de algunos colegios en el aprendizaje digital. Van der Meer cree que el aprendizaje digital tiene muchos aspectos positivos, pero insta a la formación en la escritura a mano. Generaciones perdidas «Dado el desarrollo de los últimos años, corremos el riesgo de que una o más generaciones pierdan la capacidad de escribir a mano. Nuestra investigación y la de otros muestran que esto sería una consecuencia muy desafortunada» del aumento de la actividad digital, dice Van der Meer. Al mismo tiempo, aconseja a los responsables de educación noruegos que garanticen que los niños reciban al menos un mínimo de formación en escritura a mano. «Algunas escuelas en Noruega se han vuelto completamente digitales y se saltan por completo la capacitación en escritura a mano. Las escuelas finlandesas están incluso más digitalizadas que en Noruega. Muy pocas escuelas ofrecen alguna capacitación en escritura a mano», advierte la autora sobre lo que ahora mismo está ocurriendo en las escuelas del norte de Europa. En el debate sobre la escritura a mano o el uso del teclado en la escuela, algunos maestros creen que los teclados generan menos frustración en los niños. Señalan que los niños pueden escribir textos más largos y que están más motivados para escribir porque experimentan un mayor dominio del teclado. Varios beneficios «Aprender a escribir a mano es un proceso un poco más lento…
Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/10/06/kjygasisdf-kGgG--620x349@abc.jpg">Media</a>Dado que de momento la humanidad no ha encontrado un planeta diferente a la Tierra que albergue vida, es lógico pensar que nuestro mundo es el más apto para ella. Sin embargo, un nuevo estudio viene a desmentir completamente ese postulado: unos científicos han encontrado hasta 24 planetas fuera de nuestro Sistema Solar que puede albergar condiciones más adecuadas que esta bola azul flotando en el Universo. Las conclusiones acaban de publicarse en la revista «Astrobiology». Dirk Schulze-Makuch, de la Universidad Estatal de Washington, dirige esta investigación en la que detalla las características de los posibles planetas «superhabitables»: son más antiguos, un poco más grandes, algo más cálidos y posiblemente más húmedos que la Tierra. Además, la vida también podría prosperar más fácilmente en mundos que giran alrededor de estrellas con una vida útil más larga que la de nuestro Sol. Los 24 primeros candidatos descubiertos están a más de 100 años luz de distancia, pero Schulze-Makuch afirma que el estudio podría ayudar a enfocar los esfuerzos de observación futuros mundos, utilizando, por ejemplo, el telescopio espacial James Web de la NASA, el observatorio espacial LUVIOR o el telescopio espacial PLATO, de la Agencia Espacial Europea. «Tenemos que centrarnos en ciertos planetas con las condiciones más prometedoras para la vida compleja. Pero hay que tener cuidado de no quedarnos atascados buscando una segunda Tierra, porque podría haber planetas que podrían ser más adecuados para la vida que el nuestro», afirma Schulze-Makuch, geobiólogo con experiencia en habitabilidad planetaria. Para esta investigación, se asoció con los astrónomos Rene Heller, del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, y Edward Guinan, de la Universidad de Villanova, para identificar criterios de superhabitabilidad y buscar entre los 4.500 exoplanetas conocidos más allá de nuestro Sistema Solar. «Pero hay que saber que la habitabilidad no significa que estos planetas necesariamente tengan vida, simplemente las condiciones que serían propicias», aclara Schulze-Makuch. La selección de planetas superhabitables Así fue como el equipo seleccionó sistemas planeta-estrella con probables planetas terrestres orbitando dentro de la zona habitable de agua líquida de la estrella anfitriona del Archivo de Exoplanetas. Si bien el Sol es el centro de nuestro Sistema Solar, tiene una vida útil relativamente corta, de menos de 10.000 millones de años. Dado que pasaron casi 4.000 millones de años antes de que apareciera cualquier forma de vida compleja en la Tierra, muchas estrellas similares a nuestro Sol, llamadas estrellas G, podrían quedarse sin combustible antes de que se desarrollara la vida compleja. Además de observar sistemas con estrellas G más frías, los investigadores también observaron sistemas con estrellas enanas K, en un rango también más frío pero menos masivas y menos luminosas que el Sol. Este tipo de estrellas tienen la ventaja de una vida útil prolongada de 20.000 a 70.000 millones de años, lo que permitiría que los planetas en órbita fueran más antiguos y daría más tiempo a la evolución de la vida compleja. Sin embargo, para ser habitables, los planetas no deberían ser tan viejos que hayan agotado su calor geotérmico y carezcan de campos geomagnéticos protectores. La Tierra tiene alrededor de 4.500 millones de años, pero los investigadores sostienen que el punto óptimo para la vida es un planeta que tiene entre 5.000 y 8.000 millones de años. El tamaño y la masa también importan. Un planeta que es un 10% más grande que la Tierra debería tener más tierra habitable. Se esperaría que uno que tenga aproximadamente 1,5 veces la masa de nuestro planeta retenga su calentamiento interior a través de la desintegración radiactiva durante más tiempo y también posea una gravedad más fuerte para retener una atmósfera durante un…
Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/06/agn-galaxia-kRDB--620x349@abc.jpg">Media</a>Una serie de fuertes emisiones de rayos gamma podrían estar diciéndonos que lo que hasta ahora parecían ser gigantescos agujeros negros son, en realidad, enormes agujeros de gusano, túneles en el espacio-tiempo que comunican, como si de una red de Metro se tratara, puntos distantes del Universo. Esa es, en efecto, la sorprendente conclusión de un equipo de astrofísicos dirigido por Mikhail Piotrovich, del Observatorio Astronómico Central de San Petersburgo, en Rusia. El trabajo, que se publicará próximamente en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, puede ya consultarse en el servidor de prepublicaciones ArXiv. En teoría, los agujeros de gusano permitirían viajar en poco tiempo a cualquier lugar del espacio, o incluso a otros universos, sin violar las leyes físicas que establecen que nada puede superar la velocidad de la luz, cerca de 300.000 km por segundo. La existencia de los agujeros de gusano está predicha por la teoría de la relatividad general de Einstein, que los considera posibles, aunque hasta el momento nadie ha podido encontrar uno. En muchos de sus aspectos, los agujeros de gusano son similares a los agujeros negros, algo que según los investigadores podría llevar a los astrónomos a confundirlos. Ambos tipos de objeto, en efecto, son extraordinariamente densos, y ambos hacen gala también de una atracción gravitatoria extremadamente poderosa. Agujeros de gusano, con «puerta» de salida» La principal diferencia, sin embargo, es que mientras que ningún objeto (ni siquiera la luz) puede volver a salir después de cruzar el horizonte de sucesos de un agujero negro, cualquier objeto que entre en un agujero de gusano podría, en teoría, volver a salir a través de otro agujero distante. Partiendo de la base de que tales agujeros de gusano existen realmente, los investigadores buscaron las formas en que podríamos distinguirlos, desde nuestra posición, de simples agujeros negros. El estudio se centra en los agujeros negros más grandes, los supermasivos, que tienen masas comprendidas entre millones y miles de millones de veces la del Sol y que habitan en los centros de la mayor parte de las galaxias. En el centro de nuestra Vía Láctea, sin ir más lejos, duerme Sagitario A*, un monstruoso agujero negro con una masa superior a los cuatro millones de soles. Cualquier objeto, pues, que entrara por uno de los extremos de un agujero de gusano saldría inevitablemente por el otro. Los investigadores razonaron que eso implica que la materia que entrara por una de las «bocas» del agujero de gusano podría chocar con la materia que hubiera entrado al mismo tiempo por el otro extremo. Una clase de evento que nunca podría suceder en un agujero negro. Un vistazo a los monstruos que devoran materia Según el estudio, cualquier materia que entre en un agujero de gusano supermasivo viajará probablemente a una enorme velocidad, debido al poderoso campo gravitatorio. ¿Qué ocurriría entonces si esa materia se encontrara con la que ha entrado por el otro extremo y fluye en dirección contraria? El resultado sería, para los investigadores, una serie de esferas de plasma que se expandirían por las dos entradas del agujero de gusano casi a la velocidad de la luz. «Lo que más me sorprende -explica Piotrovich- es que nadie hasta ahora haya propuesto esta idea, porque es bastante simple». Para comprobar si estaban en lo cierto, los investigadores compararon los teóricos estallidos gamma de esos agujeros de gusano con los que realmente se producen en un tipo de agujeros negros supermasivos conocidos como «núcleos galácticos activos» (AGN). De hecho, cuando uno de estos monstruos devora materia, emiten una cantidad de radiación mayor que la de toda nuestra galaxia, y lo hacen además a través de un área de espacio que no es mayor que nuestro Sistema Solar. Los AGN, en efecto, aparecen rodeados por anillos de plasma ardiente (llamados…
Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/10/05/autumn-kcSE--620x349@abc.jpg">Media</a>Parece que este 2020 tan extraño, marcado por la pandemia de coronavirus, se ha saltado la primavera y el verano. Pero hasta ahora al menos, cada año ha tenido siempre cuatro estaciones con su meteorología y sus regularidades. Pero, ¿realmente es así? ¿Puede ser que esta separación en cuatro estaciones responda más bien a convenciones sociales? Un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de Stanford, en Estados Unidos, ha respondido a esta pregunta, después de observar lo que ocurre con más de 100 moléculas que circulan por el torrente sanguíneo. En un estudio que han publicado en «Nature Communications» han concluido que realmente el organismo solo distingue entre dos estaciones, una cálida y otra fría, al menos cuando se analiza el cuerpo de personas residentes en California. «Nos enseñan que hay cuatro estaciones repartidas en partes iguales a lo largo del año, y yo me pregunté: ¿Seguro?», ha explicado Michael Snyder, profesor de genética de la Escuela de Medicina de Stanford y autor senior del estudio. «No parecía que la biología humana se adhiriese a esas reglas, así que llevamos a cabo un estudio para analizar la composición molecular y dejar que la biología respondiese a la pregunta de cuántas estaciones hay». ¿Para qué? Fundamentalmente para estudiar si hay cambios en los niveles de decenas de moléculas en el organismo de forma periódica. Tal como han comentado los autores del trabajo, este conocimiento se puede aprovechar para diseñar una medicina más personalizada o llevar a cabo ensayos clínicos, para probar medicamentos, que tengan en cuenta estos importantes factores. Dos estaciones: fría y cálida El equipo de Snyder recopiló cuatro años de datos moleculares de un total de 105 participantes, observando la subida y bajada de más de 1.000 moléculas que experimentan patrones anuales. De esta forma, los investigadores comprobaron que estas oscilaciones no encajan con el patrón tradicional de las cuatro estaciones. En vez de eso, detectaron dos puntos de inflexión (no cuatro, como ocurriría si hubiera cuatro estaciones) en los patrones que siguen las moléculas: uno al finalizar la primavera y comenzar el verano y otro a finales de otoño y a principios de invierno. Marcadores de artritis en la época cálida Gracias a estas observaciones, trazaron un mapa de las oscilaciones de las moléculas en cada estación. Para empezar, sus datos mostraron que el final de la primavera coincide con el aumento de biomarcadores inflamatorios, que juegan un papel en las alergias, así como un aumento de moléculas implicadas en la osteoartritis y la artritis reumatoide. También detectaron picos en la hemoglobina HbAc1, que es una señal de riesgo a diabetes de tipo 2, y altos niveles en el gen PER1, implicado en regular los ciclos de sueño-vigilia. En algunos casos, estos cambios tienen razones obvias: por ejemplo, Snyder ha comentado que el aumento de marcadores inflamatorios está probablemente relacionado con los picos de concentración de polen que se alcanzan en primavera. Pero en otros casos no está tan claro. Por ejemplo, en este momento solo pueden elucubrar a qué se deben los cambios en la HbAC1, señal de riesgo de diabetes. Han sugerido que sus niveles podrían estar más altos a finales de primavera porque en esa época la gente adquiere hábitos alimentarios más indulgentes y porque desde unos meses antes hace menos deporte. Inmunidad e hipertensión en la temporada fría En cuanto a la estación fría, a comienzos de invierno detectaron un incremento de moléculas inmunitarias que intervienen en la respuesta ante virus y en el desarrollo del acné. También en invierno, hallaron un aumento en moléculas que señalizan la hipertensión. Por último, sus datos también mostraron diferencias en la composición del microbioma intestinal, la vasta colección de microorganismos que viven en el tubo digestivo. Por ejemplo, las bacterias…
La fotógrafa Buddhilini de Soyza capturó esta impresionante imagen de una ballena jorobada que se abría paso en junio de 2020 en la aguas de la costa de Sydney, una vez se levantó el confinamiento de la ciudad a causa del coronavirus. Buddhilini explica: “Vimos un impacto en la distancia y nos dirigimos en esa dirección y nos encontramos con una ballena. Los barcos de avistamiento de cetáceos solo observan ballenas saltando alrededor del 30% del tiempo. Pero con este chico, no tuvimos que preocuparnos. Durante los siguientes 90 minutos organizó un espectáculo como nunca habíamos visto en nuestros 8 años de avistamientos de ballenas en Australia".

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Noticias #eXploraMar Morales.-EFEverde.- Dos madrileñas impulsan un proyecto destinado a cosechar "lechugas felices" en cada hogar, gracias a minihuertas cultivadas de forma sostenible, que reducen la huella de carbono, ahorran plástico al planeta y promueven una alimentación exenta de pesticidas.The post Comercializan minihuertas de “lechugas felices” y cosecha propia appeared first on EFEverde.

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Noticias #eXploraVeinticuatro dragones de mar han nacido de dos puestas diferentes en el acuario Poema del Mar de Las Palmas de Gran Canaria, que se convierte de este modo en el primer centro de Europa que consigue reproducir esta peculiar especie australiana, prima de los caballitos de mar.The post Nacen por primera vez en Europa los bellos dragones de mar appeared first on EFEverde.

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Noticias #eXploraMadrid, 6 oct (EFE).- La crisis climática ha producido un cambio en el patrón de contagios de enfermedades transmitidas por parásitos en los animales porque “los otoños y los inviernos han dejado de existir" y que pueden afectar a las personas, ha explicado a EFE Agustín Estrada, profesor de la Universidad de Zaragoza (UNIZAR).The post La crisis climática multiplica las enfermedades parasitarias en los animales appeared first on EFEverde.

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