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Ilustrativo, Impresionante, imprescindible e impecable está siendo hoy #InformeCovid menuda mesa... fuente de sabiduría total, didáctica a más no poder— Mamen Dueñas Lorente (@mamendlcoco) October 15, 2020

October 15, 2020 at 11:29PM
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Noticias #eXplora MediaDe las seis o más especies diferentes de humanos primitivos que han surgido a lo largo de los tiempos, todas pertenecientes al género Homo, solo nosotros, Homo sapiens, hemos logrado sobrevivir. Por el camino quedaron incluso los inteligentes y sofisticados neandertales de Eurasia, a quienes se les atribuye cualidades tan valiosas como el pensamiento simbólico o la piedad. No fueron suficientes. Qué provocó estas extinciones aún está por esclarecer, pero un nuevo estudio publicado en la revista «One Earth» cree haber dado con una causa común: los cambios climáticos, aumentos o descensos bruscos de temperatura a los que nuestros antiguos ancestros no lograron adaptarse. «Nuestros hallazgos muestran que a pesar de las innovaciones tecnológicas que incluyen el uso del fuego y herramientas de piedra, la formación de redes sociales complejas y, en el caso de los neandertales, incluso la producción de puntas de lanza pegadas, ropa ajustada y una buena cantidad del intercambio cultural y genético con el Homo sapiens, las especies de Homo del pasado no pudieron sobrevivir al intenso cambio climático», explica Pasquale Raia, de la Universidad Federico II en Nápoles. «Se esforzaron mucho; se dirigieron a los lugares más cálidos a su alcance cuando el clima se enfrió, pero al final no fue suficiente», concluye. Nicho climático Para arrojar luz sobre extinciones pasadas de especies como H. habilis (hace 1,65 millones de años), H. ergaster (hace 1,4 millones de años), H. erectus (hace 117.000 años), H. heidelbergensis (hace 200.000 años) y H. neanderthalensis (hace unos 40.000 años) , los investigadores utilizaron un simulador climático de alta resolución, que proporciona la temperatura, precipitaciones y otros datos de los últimos 5 millones de años. También buscaron una extensa base de datos de fósiles que abarca más de 2.750 registros arqueológicos para modelar la evolución del nicho climático de esos Homo a lo largo del tiempo. El objetivo era comprender las preferencias climáticas de esos primeros humanos y cómo reaccionaban a los cambios. Según los científicos, los resultados ofrecen evidencias sólidas de que tres especies, H. erectus, H. heidelbergensis y H. neanderthalensis, perdieron una parte significativa de su nicho climático justo antes de extinguirse. Esta reducción coincidió con cambios bruscos y desfavorables en el clima global. En el caso de los neandertales, las cosas probablemente empeoraron aún más por la competencia con el hombre moderno. «Nos sorprendió la regularidad del efecto del cambio climático», dice Raia. «Fue muy claro, para las especies extintas y solo para ellas, que las condiciones climáticas eran demasiado extremas justo antes de la extinción y solo en ese momento en particular». Advertencia «atronadora» El investigador cree que estos hallazgos pueden servir como una especie de advertencia para los arrogantes humanos que hoy poblamos el planeta, ya que nos enfrentamos a «cambios climáticos sin precedentes». «Es preocupante descubrir que nuestros antepasados, que no eran menos impresionantes en términos de poder mental en comparación con cualquier otra especie de la Tierra, no pudieron resistir el cambio climático», argumenta. «Y nuestra propia especie está cortando la rama en la que estamos sentados causando el cambio climático. Personalmente, tomo esto como un mensaje de advertencia atronador. El cambio climático hizo al género Homo vulnerable y desventurado en el pasado, y esto puede estar simplemente sucediendo de nuevo», señala. Una conclusión que quizás pueda servirnos de lección antes de que, al igual que nuestros antepasados, sellemos nuestro destino para siempre. Claro que esta vez habrá sido culpa nuestra.

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Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/10/15/jhg-kBBC-uyto7uiy-kgpD--620x349@abc.jpg">Media</a>La Tierra primitiva no era un lugar agradable para vivir. Hace unos 4.500 millones de años, nuestro planeta recibió el impacto de Theia, un objeto del tamaño de Marte, que literalmente arrancó parte de él y lo calentó a miles de grados. Tan «solo» 500 millones de años después, nuestro hogar recibió una lluvia de asteroides que provocaron que su superficie se fundiera. Y mientras todo esto ocurría, un joven Sol, que aunque era mucho menos brillante y más frío que ahora, azotaba el espacio con violentas y poderosas llamaradas, además de un salvaje viento solar. Ante todo esto, es casi un milagro que la Tierra consiguiera evolucionar después a un mundo con una acogedora atmósfera propicia para albergar la vida. De hecho, tendríamos que agradecer a Theia su choque, ya que esos trozos que se separaron de nuestro planeta acabaron formando la Luna. Y una nueva investigación publicada en «Science Advances» muestra que el campo magnético de la Luna podría haber protegido a la Tierra de todo el peso de la ira de nuestra estrella. «Parece ser que la Luna tuvo una gran barrera protectora que salvó del viento solar a la Tierra. Esto fue fundamental para la capacidad de nuestro planeta para mantener su atmósfera durante ese momento», explica para ScienceAlert el físico Jim Green, científico jefe de la NASA y autor principal del nuevo estudio. El campo magnético de la Luna Hasta hace relativamente poco, se consideraba que la Luna era un trozo de roca sin vida. Ahora no tiene un campo magnético, por lo que se asumió que nunca lo poseyó, ya que es muy pequeña y puede que no haya mantenido el efecto dínamo requerido. Pero todo cambió cuando enviamos a los primeros hombres en la década de los 70 y las rocas que trajeron a la Tierra evidenciaron que en realidad sí había tenido un campo magnético en la antigüedad y, además, muy parecido al nuestro. El campo magnético de la Tierra es el resultado de una dínamo, un fluido -en este caso, el hierro fundido del núcleo- que gira y conduce la electricidad, convirtiendo la energía cinética en energía magnética, que acaba saliendo al espacio en una suerte de escudo terrestre que envuelve al planeta. La Luna también tuvo un núcleo activo hasta hace entre 1.000 y 2.500 millones de años, momento en el que el satélite se enfrió hasta el punto en el que el núcleo de hierro se solidificó. Campos magnéticos conectados Ademas, hace 4.000 millones de años, la Luna estaba a tan solo 130.000 kilómetros de distancia (hoy se encuentra a unos 385.000). Por otro lado, nuestro planeta también giraba más rápido entonces: un día eran solo cinco horas. A medida que la rotación del planeta se ralentiza, la Luna retrocede a una velocidad de aproximadamente 3,82 centímetros al año. Green y su equipo querían saber cómo interactuaría el campo magnético de la Luna con el de la Tierra en esas condiciones, por lo que diseñaron un modelo de ordenador. Con él descubrieron que los campos magnéticos de los dos cuerpos estuvieron conectados a través de los polos. Este campo magnético combinado habría protegido a la atmósfera de la Tierra de ser destruida por el viento solar. La Tierra, la Luna y sus campos magnéticos unidos - NASA El misterio del nitrógeno en el regolito Esta teoría explicaría también el nitrógeno hallado en el regolito lunar -capa de polvo de rocas trituradas que cubre la superficie de nuestro satélite-, que según los últimos indicios no pertenece a la Luna, sino que llegó de otro lugar. Las simulaciones sugieren que la Tierra y la Luna podrían haber intercambiado gases atmosféricos y, por tanto, un mecanismo de intercambio de nitrógeno. Los modelos indican que los dos campos magnéticos permanecieron unidos hasta hace unos 3.500 millones de años, lo que coincide con el tiempo de la atmósfera lunar, así como con la fuerza del campo magnético, que se ha probado que alcanzó su punto máximo hace aproximadamente…
Noticias #eXplora MediaEl psicólogo Robert Zajonc, de la Universidad de Michigan, realizó un estudio en 1987 con unas conclusiones sorprendentes: que las parejas se parecen cada vez más en los rasgos físicos de la cara según pasa el tiempo. Esta teoría se volvió tan popular que se dedicarn cursos enteros de psicología a estudiarla, si bien la ciencia aún no ha podido ni confirmar ni desmentir tal postulado. Ahora, investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, han abordado el problema desde un enfoque distinto, utilizando experimentos y tecnología moderna. Y creen que han hallado la solución. «Es algo en lo que la gente cree y teníamos curiosidad al respecto», dijo Pin Pin Tea-makorn, estudiante de doctorado en Stanford y uno de los autores del estudio que acaba de ser publicado en «Scientific Reports». «Nuestra hipótesis inicial fue que si las caras de las personas tienen a converger con el tiempo, podríamos ver en qué tipos de características se parecen». Método de estudio Trabajando con su colega de Stanford, Michal Kosinski, Tea-makorn buscó en Google fotos de parejas tomadas al comienzo de sus matrimonios y muchos años después. Así es como una base de datos de imágenes de 517 parejas de las que tenían al menos una instantánea de recién casados (hasta los dos años de la fecha) y otra tomada entre 20 y 69 años después. Para probar si los rostros de las parejas se parecían con el tiempo, los investigadores mostraron a los voluntarios una foto de una persona «objetivo» (integrante de la pareja) acompañada de otros seis rostros, cinco al azar y la de su cónyuge. Luego se pidió a los voluntarios que clasificaran el parecido de cada uno de esos seis rostros con el de la persona objetivo. De forma paralela se realizó la misma tarea con un programa de reconocimiento facial. Diferencias con el estudio de los ochenta En el caso del estudio de los años 80, solo se utilizaron una docena de parejas y sus fotografías para llegar a la conclusión de que, efectivamente, las parejas cada vez se parecen más entre sí. Los psicólogos han argumentado que la explicación es que compartir formas de vida cambia los rostros de las personas. Así mismo, la dieta, el estilo de vida, el tiempo al aire libre y las líneas de expresión también juegan un papel muy importante en esta «mimetización». Sin embargo, el estudio de Tea-makorn y Kosinski afirma que no se hallaron evidencias de que las parejas se parezcan más con el tiempo. Aunque sí se percataron de que al principio de la relación las parejas comparten más rasgos entre ellos que con personas al azar, por lo que se podría deducir que nos sentimos atraídos por gente que tiene unas características físicas similares a las nuestras. Uno de los próximos proyectos de los investigadores es desmontar (o probar) otra vieja teoría extendida: que se puede adivinar el nombre de las personas solo con mirar las caras (aquello de «tienes cara de Carlos» o «te pega el nombre de Azucena»). «Somos excépticos», afirman los investigadores.

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A estas alturas, con la segunda ola muy clara en Europa, creo que ignorar la transmisión por aerosoles ha sido el gran error compartido por diferentes naciones.
¿Por qué no se tomaron en cuenta los avisos de muchos científicos?
¿Por qué otros científicos les negaban con soberbia?— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 16, 2020

October 16, 2020 at 02:27AM
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Hay algo que se me escapa en este error compartido que nos ha costado tanto y nos puede seguir costando más.
Si a finales de marzo ya hablábamos con médicos que sabían de los aerosoles...¿qué ha pasado?
Parece claro que admitirlo supondría una serie de cambios que incidirían...— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 16, 2020

October 16, 2020 at 02:30AM
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Directamente en los sistemas productivos. Con una agenda similar los países han tirado adelante con el código de no parar. Ahora llegan las consecuencias.
Este virus va por aerosoles. Y no sé si las preclaras mentes de occidente creían que nos iba a abandonar por arte de magia..— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 16, 2020

October 16, 2020 at 02:37AM
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El Sars Cov2 no se va a marchar aún de los lugares con gente.
Y menos de los cerrados. Eso lo sabe hasta el que asó la manteca. Posiblemente esta “estrategia” de no querer parar de verdad nos obligará pronto a parar y sin haber hecho la menor mella al virus. Todo a posteriori🤦&zwj;♂️— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 16, 2020

October 16, 2020 at 02:43AM
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El doctor @ccarballo50 es para mi un ejemplo.
En el ámbito de salvar vidas, desde luego.
En el de la tele, que es el que yo conozco, también.
Deja su ego a un lado y solo pretende ayudar. Remar a favor para que el programa luzca y llegue.
Y eso, amigos, es algo muy grande. pic.twitter.com/tTxSIBXrI4— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 16, 2020

October 16, 2020 at 03:24AM
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