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Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/21/246381_web-ksPC--620x349@abc.jpg">Media</a>Entre las cosas que nos definen como seres humanos está nuestra capacidad para el lenguaje. Este nos otorga una ventaja evolutiva considerable: la humanidad ha prosperado a raíz de compartir pensamientos, cultura, información y tecnología, todo ello transmitido a través de palabras. Sin embargo, su historia y cómo llegamos a perfeccionar el sistema aún arroja muchos enigmas. Ahora, investigadores de la Universidad de Warwick han logrado fechar cuándo establecimos las bases de lo que sería nuestra comunicación actual. Y ese momento está mucho más atrás de que fuéramos humanos: hace unos 30 o 40 millones de años, en el ancestro común que compartimos con monos y simios. Los resultados, que acaban de ser publicados en la revista «Science Advances», han sido elaborados por un equipo internacional de investigadores, dirigido por Simon Townsend, de la Universidad de Warwick (Reino Unido). Estos investigadores han llevado a cabo un avance crucial en nuestra comprensión acerca de cómo evolucionaron los bloques de construcción cognitivos, claves y básicos para el lenguaje. Palabras juntas, palabras separadas Las palabras son las unidades clave para comprender las oraciones. Las habilidades cognitivas para combinarlas son básicas para sustentar el lenguaje. Pueden darse dos opciones: si se complementan una al lado de otra, lo que se conoce como «dependencia adyacente»; o si lo hacen pero sin estar pegadas, llamada «dependencia no adyacente». Por ejemplo, en la frase «el perro que mordió al gato se escapó» entendemos que es el perro el que se escapó y no el gato gracias a que podemos procesar la relación entre la primera y la última palabra en el contexto de la frase. «La mayoría de los animales no pueden producir dependencias no adyacentes en sus propios sistemas de comunicación natural», explica Stuart Watson, investigador de la Universidad de Zürich y que también participó en el estudio. Por ejemplo, los chimpancés comunes emiten más de 15 tipos de llamadas diferentes con determinados significados: cuando están emocionados, producen unos gritos que van aumentando de intensidad hasta parecer casi ladridos; o los bonobos avisan a sus compañeros con una tonalidad específica cuando encuentran una fuente de alimentos. Pero no hay pruebas de sistemas complejos con estructuras de dependencia no adyacente. «Sin embargo, queríamos saber si, no obstante, podrían entenderlas», apostilla el investigador. Un experiemento compartido El equipo de investigación utilizó un nuevo enfoque experimental en sus experimentos: crearon «gramáticas artificiales» en las que se utilizaron secuencias compuestas por tonos sin sentido en lugar de palabras para examinar las habilidades de los sujetos para procesar las relaciones entre los sonidos. Es decir, crearon una especie de «lenguaje» con sonidos. Esto hizo posible comparar la capacidad de reconocer dependencias no adyacentes entre tres especies de primates diferentes que no comparten un idioma común: titíes comunes (un mono brasileño), chimpancés y humanos. «A cada especie se le mostró una gran cantidad de secuencias acústicas compuestas de diferentes sonidos. Estas secuencias eran predecibles, ya que el elemento auditivo 'A' significaba que el elemento 'B' ocurriría seguro más adelante en la secuencia, incluso si a veces estaban separados por otros sonidos (por ejemplo, 'A' y 'B' están separados por 'X' )», explica a ABC Watson. «Esto simula un patrón en el lenguaje humano, donde, por ejemplo, esperamos que un sustantivo (por ejemplo, "el perro") sea seguido por un verbo (por ejemplo, "se escapó"), independientemente de cualquier otra parte de la oración en el medio (por ejemplo, "que mordió al gato”). Procesar este tipo de relaciones distantes entre palabras o frases es crucial para el lenguaje». En los experimentos siguientes se reprodujeron combinaciones de sonidos que rompían las reglas aprendidas…
Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/10/21/246072-kUFE--620x349@abc.jpg">Media</a>El diabólico escarabajo acorazado de California es un insecto formidable. Aves, lagartos y roedores intentan comérselo con frecuencia, pero rara vez lo consiguen. Un coche le pasa por encima y la criatura sigue viva. Desde luego, hace honor a su ostentoso nombre. La supervivencia del escarabajo depende de dos factores clave: su capacidad para hacerse el muerto de manera convincente y un exoesqueleto que es una de las estructuras más duras y resistentes al aplastamiento que se sabe que existen en el mundo biológico. En un artículo publicado este miércoles en la revista «Nature», investigadores de las universidades estadounidenses de Purdue y California Irvine (UCI) revelan los componentes del extraordinario material, y sus planos a nano y microescala, que hacen que el organismo sea tan indestructible, al tiempo que demuestran cómo los ingenieros pueden beneficiarse de estos diseños para, por ejemplo, construir aviones más resistentes. <iframe width="100%" height="349" src="https://www.youtube.com/embed/NS3AqJB5SfU" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe> «El escarabajo acorazado es terrestre, por lo que no es liviano ni rápido, sino que está construido más como un pequeño tanque», afirma David Kisailus, profesor de ciencia e ingeniería de materiales de la UCI. «Esa es su adaptación: no puede volar, así que simplemente se queda quieto y deja que su armadura especialmente diseñada reciba el abuso hasta que el depredador se rinde», explica. En su hábitat desértico en el suroeste de EE.UU., este insecto se puede encontrar debajo de las rocas y en los árboles, apretado entre la corteza y el tronco, otra razón por la que necesita tener un exterior duradero. Los investigadores realizaron una serie de experimentos y descubrieron que el diabólico escarabajo acorazado puede soportar una fuerza de aproximadamente 39.000 veces su peso corporal. Un hombre de 90 kilos tendría que soportar el aplastante peso de 4 millones de kilos para igualar esta hazaña. Escudo protector A través de distintas evaluaciones microscópicas y espectroscópicas de alta resolución, el equipo se dio cuenta de que el secreto de esa extraordinaria capacidad radica en la composición material y la arquitectura del exoesqueleto del escarabajo, específicamente, sus élitros. En los escarabajos aéreos, los élitros son las hojas de las alas delanteras que se abren y cierran para proteger las alas de vuelo de las bacterias, la desecación y otras fuentes de daño. En este caso, los élitros del escarabajo acorazado han evolucionado para convertirse en un escudo protector sólido. El análisis mostró que los élitros constan de capas de quitina, un material fibroso y una matriz proteica. En colaboración con un grupo de la Universidad de Agricultura y Tecnología de Tokio, examinaron la composición química del exoesqueleto de un escarabajo volador más ligero y la compararon con la de uno terrestre. La capa exterior del escarabajo acorazado tiene una concentración significativamente más alta de proteína, aproximadamente un 10 por ciento más en peso, que los investigadores sugieren que contribuye a la mayor dureza de los élitros. El equipo también investigó la geometría de la sutura medial que une las dos partes de los élitros y descubrió que se parece mucho a las piezas entrelazadas de un rompecabezas. En un experimento dentro de un microscopio electrónico para observar cómo funcionan estas conexiones bajo compresión, similar a cómo podrían responder en la naturaleza, observaron que esas piezas no se rompen por el cuello, la parte más delgada, como cabría esperar en un rompecabezas, sino que se separan en capas lentamente. Mejoras en los aviones Los investigadores emplearon técnicas de impresión 3D para crear sus propias estructuras del mismo diseño. Hicieron pruebas que revelaron…
Noticias #eXplora <a href="https://static1.abc.es/media/ciencia/2020/10/21/POF20-LE-FATV2020-01557_image-kQtC--620x349@abc.jpg">Media</a>Al comienzo de la pandemia la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguraba que bastaba con lavarse las manos para no contagiarse de Covid-19. Pronto, los estudios científicos la llevaron a cambiar sus guías y a recomendar a la población mantener una distancia de seguridad. Ya en junio, pidió que toda la población usase mascarilla, no sin críticas por la lentitud con la que respondió ante la aparición de nuevas pruebas científicas. Hoy, la OMS asegura que el coronavirus se transmite sobre todo a corta distancia. Sin embargo, cada vez hay más evidencias científicas que apuntan a que el virus se transmite a más de un metro de separación, y de que, además, puede quedarse flotando en el aire de un lugar cerrado. Por tanto, no basta con evitar los contactos cercanos: también se hace necesario usar la mascarilla, incluso si se puede mantener la distancia social, y ventilar estos lugares, ya sean escuelas, aviones, edificios o vagones de metro. Es cierto que, aparte de destacar el contagio por contacto cercano, la OMS ya recomienda «evitar lugares y eventos abarrotados, espacios cerrados mal ventilados y el contacto prolongado con otras personas», pero desde hace meses decenas de expertos en aerosoles y en transmisión de enfermedades piden cambios en sus directrices. «Evidencias abrumadoras» En julio, 239 expertos publicaron una carta pidiendo a la OMS que reconsiderase sus guías. A principios de octubre, un comentario publicado en la revista «Science», encabezado por Kimberly Prather, investigadora de la Universidad de California en San Diego, defendía que «la atención debe dirigirse a proteger frente a la transmisión aérea» y que hay «evidencias abrumadoras de que la inhalación del virus es la ruta de transmisión principal». Esquema que explica cómo la mascarilla frena la transmisión de la Covid-19, al frenar aerosoles (en rojo) y gotículas mayores (en verde)Esta misma semana, un estudio demostraba que los hurones pueden contagiar a compañeros sanos por medio de una corriente de aire, a más de un metro de distancia. En agosto, un estudio detectó coronavirus con capacidad de infectar a 4,8 metros de un paciente. Además, hay múltiples investigaciones que muestran casos de contagios a una distancia considerable, o en los que una persona pasó el virus a muchas otras. Ésto último, conocido como supercontagio, es un fenómeno que no puede ser explicado por la transmisión a corta distancia, según muchos expertos, y se ha observado varias veces en autobuses o discotecas. La controversia: aerosoles o gotículas El origen de esta quizás incomprensible polémica está en la física. En concreto, en la física de las pequeñas partículas en las que los virus viajan de una persona infectada a otra sana. Por una parte, la OMS se centra en la transmisión a corta distancia, a través de «gotas grandes» o gotículas. Son esferas de saliva y moco, cargadas de virus, que se expulsan al toser y estornudar como auténticos proyectiles y que pueden contagiar a otras personas al impactar contra su boca o sus ojos, o al contaminar una superficie, como el pomo de una puerta. Al ser «grandes», la gravedad impide que lleguen muy lejos o que estén suspendidas mucho tiempo. Aspecto de un aerosol, en comparación con el tamaño de los virus - Milton, 2020 Sin embargo, los que destacan la transmisión aérea o a mayor distancia se centran en partículas más pequeñas: los aerosoles. Éstos no se lanzan como proyectiles, sino que quedan flotando en el entorno. Por eso, transmiten el virus al ser inhalados y no por impacto, lo que implica que gane peso la importancia de ventilar espacios cerrados, sobre todo porque los aerosoles pueden permanecer suspendidos entre 12 minutos y 10 horas, según las condiciones. <iframe height="286" src="https://www.youtube.com/embed/uI8ODCxrNMU" frameborder="0" allowfullscreen style="width:100%;"></iframe> Por el…
Noticias #eXplora MediaLa agencia espacial estadounidense difundió anoche las primeras imágenes, en un vídeo de apenas diez segundos y en varias fotografías, del acercamiento veinticuatro horas antes de la sonda Osiris-Rex al satélite Bennu, situado actualmente a 320 millones de kilómetros de la Tierra y que viaja a una velocidad de más de 100.000 kilómetros por hora. El vídeo muestra los últimos instantes del acercamiento del brazo robótico de la sonda -articulado y de más de tres metros de longitud- a la superficie pedregosa del asteroide, y la nube de partículas y pequeñas piedras que salen despedidas al impactar contra la superficie un chorro de nitrógeno a alta presión. De esa polvareda de resíduos, la NASA espera que la Osiris-Rex haya podido recoger un mínimo de 60 gramos de muestras de menos de dos centímetros de diámetro. Si la recogida de muestras no resultase satisfactoria, la sonda podría realizar un nuevo intento en enero próximo, para emprender en marzo un viaje de regreso a la Tierra que durará dos años. La Osiris-Rex, del tamaño de un microbús, ha realizado una lenta y cuidadosa aproximación al asteroide Bennu, una gran roca oblonga de la talla de un rascacielos. La recogida de muestras la ha llevado a cabo en una zona preseleccionada de la superficie, de apenas unos centímetros de diámetro, con una total precisión dada la distancia de nuestro planeta a la que se mueve su objetivo. En la selección ha participado el Instituto de Astrofísica de Canarias.<iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/LJBv4reH9IU" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe> El Bennu es un asteroide cuya antigüedad se supone similar a la del propio Sistema Solar -más de 4.500 millones de años-, por lo que aportaría datos interesantes sobre el Sol y su corte de planetas, que podrían haberse formado por agregación merced a repetidas colisiones de asteroides de diversos tamaños. El Bennu está considerado por la NASA como «potencialmente peligroso» para la Tierra, ya que su órbita le hará aproximarse a nuestro planeta a finales del siglo XXI.

via Ciencia https://ift.tt/2HpP6TQ #Ciencia #Misterio
Yo espero que la doctora no tenga razón.Pero la escucharé.
He revisado sus publicaciones científicas al detalle. Los tres artículos clave desde 2019 en las principales revistas de inmunología del mundo. O los dos papers en Nature, la biblia de la ciencia.
Y de pronto, el giro. 😳 pic.twitter.com/IfYmhBvuL6— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

October 22, 2020 at 04:26AM
via Twitter https://twitter.com/navedelmisterio #eXplora #Ciencia #Misterio
Ojo al menú, anoten:

-Jueves 22:00 Telecinco. Horizonte.

Entrevista a dra Li Men Yang y análisis de sus declaraciones por expertos en medicina, virología, genética y armas biológicas.

-Domingo 21:30 Cuatro. Cuarto Milenio

Geopolítica: ¿Quién está detrás de la doctora Yang?— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

October 22, 2020 at 05:17AM
via Twitter https://twitter.com/navedelmisterio #eXplora #Ciencia #Misterio
Ojo al menú, anoten:

-Jueves 22:00 Telecinco. Horizonte.

Entrevista a dra Li Meng Yan y análisis de sus declaraciones por expertos en medicina, virología, genética y armas biológicas.

-Domingo 21:30 Cuatro. Cuarto Milenio

Geopolítica: ¿Quién está detrás de la doctora Yan?— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

October 22, 2020 at 05:58AM
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Erika Castro de Santos se encuentra al acecho de los delfines rosados ​​del río Amazonas que a veces nadan hasta el muelle. Sin embargo el brillo iridiscente en el agua causado por una fuga de aceite o gasolina de los botes que operan en el muelle se lo pone un tanto más difícil.Imagen finalista en la categoría "People" del certamen de fotografía Earth Photo 2020

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Más pequeñas y numerosas que las neuronas, las células de la glía son un conjunto de células nerviosas que sirven de soporte, defensa e incluso nutren a las primeras. De forma general, estas células siempre se han contemplado como una especie de pegamento que mantenían unidas a las neuronas, pero que sin embargo carecían de una función cognitiva o en la memoria.Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de la Universidad de Pittsburg acaba de encontrar una función inesperada en una de estas células de glía conocidas como astrocitos, observando como el consumo de cocaína en ratones inducía a la formación de nuevas sinapsis en la que estos eran mediadores. Los resultados la investigación se publican esta semana en la revista Biological Psyquiatry bajo el título Cocaine Triggers Astrocyte-Mediated Synaptogenesis."Demostramos que los astrocitos responden a la experiencia de la cocaína promoviendo la formación de nuevas sinapsis, es decir, los puntos de conexión física entre las neuronas" explica Yan Dongprofesor de neurociencias de la Universidad de Pittsburgh y autor principal del estudio.Estas conexiones sinápticas inducidas por drogas no son recuerdos conscientes, sino más bien un cambio de patrón del cerebro que, en este caso, contribuye a la adicción.Como muchas asociaciones celulares en el cerebro, estas conexiones sinápticas inducidas por drogas no son recuerdos conscientes, sino más bien un cambio de patrón del cerebro que, en este caso, contribuye a la adicción. "Estos ´recuerdos´ asociados con las drogas pueden ser extremadamente duraderos y, a menudo, pueden desencadenar una recaída incluso después de una abstinencia prolongada", añade Dong.John Krystal por su parte, editor de la revista científica Biological Psychiatry en la que se publica el estudio afirma sobre el mismo que: "a menudo pensamos que la respuesta a la cocaína es puramente neurológica. Sin embargo, en esta investigación podemos observar que las células de apoyo llamadas astrocitos juegan un papel fundamental en un efecto duradero de la exposición repetida a la cocaína".Para investigar la formación de nuevas sinapsis, los investigadores criaron una cepa de ratones transgénicos en los que podían visualizar las señales de calcio que los astrocitos utilizan para comunicarse con otras células. Centraron su atención especialmente en el núcleo accumbens, una región profunda del cerebro asociada con el sistema de recompensa, el aprendizaje y la adicción. Los datos mostraron la intervención de los astrocitos se mostraba necesaria para la formación de nuevas sinapsis inducidas por la cocaína.A continuación, para corroborar su hallazgo el equipo realizó varios experimentos de comportamiento en los que las ratas se autoadministraron cocaína; un modelo animal para el estudio de la adicción. Cuando los investigadores bloquearon la formación de estas nuevas sinapsis, las ratas no buscaron cocaína después de un periodo abstinencia de la misma manera que lo hicieron las ratas de control."Estas nuevas sinapsis pueden constituir, por tanto, un conjunto único de sustratos neuronales involucrados en los ´recuerdos´ asociados a la cocaína", explica el doctor Dong. "Nuestros resultados proporcionan un objetivo inesperado pero concreto: la señalización sinaptogénica mediada por la glía", añade, a la vez que sugiere que estas nuevas sinapsis podrían manipularse para obtener un beneficio terapéutico potencial para el trastorno en el uso abuso de ciertas drogas.

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Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/21/Olorg2012_IMG_2054-kl6F--620x349@abc.JPG">Media</a>Durante cientos de miles de años, los primeros humanos del valle del Rift, en África Oriental, no experimentaron grandes cambios en su entorno. Los numerosos lagos de agua dulce de la región garantizaban el suministro de agua, y los grandes herbívoros vagaban a sus anchas por los amplios pastizales. Pero hace alrededor de 400.000 años las cosas cambiaron bruscamente. El paisaje, de pronto, se volvió impredecible y los antepasados de los humanos tuvieron que enfrentarse a situaciones nuevas y complejas, y a una inestabilidad que desafiaba su antigua forma de vida. Ahora, un equipo interdisciplinar de investigadores liderado por Richard Potts, director del Human Origins Program en el Museo Smithsonian de Historia Natural, en Washington, ha descrito el largo periodo de inestabilidad sufrido en esta parte de África, que ocurrió al mismo tiempo que los humanos de la región experimentaron profundos cambios en sus comportamientos y culturas. El estudio se acaba de publicar en Science Advances. El análisis del primer núcleo de perforación sedimentario que representa un millón de años completo de historia ambiental en el Valle del Rift muestra, en efecto, que al mismo tiempo que los humanos abandonaban sus antiguas herramientas en favor de tecnologías más complejas y sofisticadas y ampliaban sus redes comerciales, el paisaje que les rodeaba experimentaba frecuentes fluctuaciones en la vegetación y el suministro de agua. En otras palabras, los recursos de estar siempre disponibles de forma fiable. Y los investigadores creen que fue precisamente esa inestabilidad en el clima, la tierra y el ecosistema lo que puso a prueba la adaptabilidad de los humanos, impulsando el desarrollo de nuevos comportamientos y tecnologías. Potts y sus colegas ya documentaron en 2018 estos cambios culturales basándose en artefactos recuperados en el yacimiento de Olorgesailie. Décadas de estudio en ese sitio arqueológico permitieron a los científicos averiguar que los humanos de la región habían dependido del mismo tipo de herramientas, hachas de mano de piedra, durante 700.000 años. Un larguísimo periodo durante el que su vida fue notablemente estable, sin grandes cambios de comportamiento o estrategias de supervivencia. Más tarde, sin embargo, hace unos 320.000 años, los pobladores del Valle del Rift entraron en la llamada "Edad de Piedra Media", y empezaron a fabricar armas más pequeñas y sofisticadas, incluso proyectiles. Casi al mismo tiempo, dio comienzo el intercambio de recursos con otros grupos distantes y el uso de pigmentos para colorear, lo que sugiere el surgimiento de una comunicación simbólica. Todos estos cambios, pues, supusieron una significativa desviación de su estilo de vida anterior, algo que, según los investigadores, probablemente ayudó a los primeros humanos a hacer frente a su nuevo y variable entorno. "La historia de la evolución humana -dice Potts- ha sido una historia de creciente adaptabilidad. Venimos de un árbol genealógico que es diverso, pero todas esas otras formas de ser humano ahora están extintas. Sólo queda una, nosotros, y es posible que seamos la especie más adaptable que haya existido sobre la faz de la Tierra." Enormemente adaptables Si bien algunos científicos ya habían propuesto que las fluctuaciones climáticas podían, por sí solas, haber llevado a los humanos a desarrollar esta notable capacidad de adaptación, el nuevo estudio indica que las cosas son, en realidad, mucho más complicadas. Sus análisis, en efecto, muestran que la variabilidad climática es solo uno de varios factores ambientales entrelazados que, juntos, impulsaron los cambios culturales descritos por Potts en 2018. Ahora, el nuevo análisis revela cómo un clima cambiante, junto a alteraciones en la vegetación y la fauna, y también al surgimiento de nuevas fallas debido a la actividad tectónica, se unieron para impulsar cambios…
Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/21/7355334-kVYD--620x349@abc.jpg">Media</a>Manantial inagotable no sólo de lo suyo sino de otras áreas de la medicina o la biología y aun exteriores como la fotografía, por ejemplo, Santiago Ramón y Cajal es una figura en constante revisión y estudio, no en vano sigue siendo uno de los autores científicos más citados cuando se ha cumplido de largo el centenario de la obtención del Premio Nobel de Fisiología o Medicina, que recibió en 1906. La Real Academia Nacional de Medicina de España, con el patrocinio de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, ha celebrado del 13 al 17 de este mes la “Semana Cajal”, dedicada a la memoria del sabio aragonés y en la que vienen participando prestigiosos neurocientíficos nacionales e internacionales que vienen a coincidir en el valor de su obra, punto indiscutible de referencia de la Neurociencia moderna. Es obvio que a Cajal se le identifica con la Neurociencia por sus detallados trabajos histológicos innovadores que le permitieron elaborar razonadamente la teoría neuronal al demostrar en sus preparaciones que la neurona era la unidad del sistema nervioso, estando conectadas entre sí con individualidad y no formando parte de una especie de madeja, como se venía suponiendo. Siendo ésta la aportación más sonora no fue la única de gran altura como se consulta en su extensa bibliografía, destacando algunos trabajos de gran importancia como los dedicados a la regeneración nerviosa. Y en lo propiamente científico, aunque Cajal fue escritor de largo recorrido no ya de lo propiamente biológico sino de lo social, llegando a ser miembro electo de la Real Academia Española pero sin acceder a tomar posesión, tuvo alguna implicación en asuntos que nos son de actualidad pues nos retrotraen a finales del siglo XIX, cuando España fue asolada cruelmente por el cólera en varias oleadas. Hablamos de la cuarta, la del año de 1885, un año después de que don Santiago tomara posesión de la cátedra de Anatomía en la Facultad de Medicina de la universidad de Valencia, lo que le llevó a abandonar por un tiempo sus investigaciones celulares y comprometerse con el conocimiento de aquella epidemia de tan alta mortalidad. Los coléricos desbordaban los hospitales de la ciudad, incluso muchos domicilios, y entre ellos los propios vecinales suyos, tenían al menos un enfermo. Era el momento en que nacía Jorge, su cuarto hijo. Si su familia resultó indemne lo atribuye a que usó en casa el agua que mandó hervir, aparte de otras medidas higiénicas usuales. No era todavía la Microbiología una especialidad consolidada, como él mismo había comprobado. Incluso intuyó que su dedicación a este naciente campo le podría facilitar una vida mejor remunerada y hasta más cómoda pues la investigación de laboratorio no le era ajena y se movía con gran destreza en la preparación de cultivos de microorganismos, como el “bacillus comma” recién descubierto por Robert Koch en la India. No ya España sino la ciencia pudo perder un gran histólogo pues, como comenta en “Recuerdos de mi vida”, tras la experiencia epidemiológica vivida aquel año: Muchas veces me he preguntado si no hubiera sido mejor para mi porvenir moral y económico haber cedido al imperio de la moda, abandonando definitivamente, a ejemplo de muchos, la célula por el microbio. No le faltaban razones pues con la crecida familia y el sueldo de catedrático no viviría con el tranquilizador desahogo y aun a sabiendas de que El camino histológico me condenaba sin remisión a la pobreza, en compensación de la cual sólo brindaba, si lo recorría con fortuna, el frío elogio o la tibia y razonada estima de dos o tres docenas de sabios, no se apartó de lo que ya era un trazado investigador definitivo. Vacuna anticolérica No fue ajeno Cajal, pues, a la epidemia regional y tuvo en ese momento alguna discrepancia con el doctor Jaime Ferrán, que apareció aquel año en Valencia con una vacuna anticolérica, ensayada en conejos…
He cogido mucha desconfianza a los medios que nos decían con absoluta certeza que era solo una gripe , me llamaban alarmista y que las mascarillas no eran efectivas.
Leo las noticias como todos. No hay mérito en ello. Prefiero entrevistar a la protagonista. Directamente.— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

October 22, 2020 at 02:10PM
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La novedad es que desconoces las publicaciones de la doctora. Dos en Nature en Abril y mayo revisadas por pares sobre transmisión de Sars Cov2. Y desconoce por supuesto las tres desde 2019 en las publicaciones más importantes de inmunología del mundo. Las tiene en mis tweets.— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

October 22, 2020 at 02:21PM
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Si pudieras reunir todo el oro extraído a lo largo de la historia de la humanidad cabría en 3,4 piscinas olímpicas. Un total de 190.000 toneladas de este metal noble que ha provocado "fiebre" avariciosa a numerosos colectivos a lo largo de los siglos. Los especialistas calculan que el stock subterráneo de reservas de oro posee en la actualidad otras 50.000 toneladas aproximadamente. El pasado mes de agosto, el precio del oro alcanzó su máximo histórico al superar los US$2.000 por onza. Una onza equivale a 31,1 gramos. Y, aunque la esta última subida de cotización ha venido espoleada por los operadores del mercado, cabe preguntarse acerca de la disponibilidad del metal precioso si, como dicen algunos, estamos cerca de que se agoten sus reservas en la Tierra. Un asteroide de oro Y decimos bien, en la Tierra. Porque distintas observaciones astronómicas han constatado la existencia de una cantidad enorme de oro en el Universo. La NASA, por ejemplo, descubrió un asteroide –bautizado como '16Pysche' que ya es, oficialmente, la mayor reserva de oro del mundo conocido. Se encuentra entre Marte y Saturno y su composición es fundamentalmente de oro. Si alguien pudiera explotarlo a nivel mineral, se calcula que su valor rozaría los 10.000 cuatrillones de dólares. Ahí lo dejo. Lo que desconcierta a los científicos es que la cantidad de oro que hay en el Universo es muy superior al que debería existir según los modelos de medición. Me explicaré: Este metal precioso se produce después de que tengan lugar procesos donde hay mucha energía. Sin embargo, según la astrónoma Chiaki Kobayashi, de la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra, "de acuerdo con los modelos actuales, esos procesos no alcanzan a producir todo el oro que hoy vemos en el Universo". Kobayashi es autora de informe, publicado en The Astrophysical Journal, que señala que la principal fuente del oro del Universo se produce por colisiones de estrellas de neutrones, pero no hay bastantes choques siquiera para explicar la cantidad del metal en la Tierra. Es un misterio. Y es que los alquimistas medievales sabían mejor que nadie que conseguir oro no es nada fácil sin la "Piedra filosofal". Para formar una sola partícula de oro es necesario formar núcleos atómicos constituidos por 79 protones y 118 neutrones cada uno. En otras palabras: se precisa una fusión nuclear que va más allá de la capacidad del ser humano y, aunque en el Universo sí se dan eventualmente esas circunstancias, no ocurre a menudo ni cerca de nuestro planeta azul. Las kilonovas, esto es, la colisión de dos estrellas de neutrones, generan elementos pesados, como el oro o el platino que se emplean en joyería o el uranio. En realidad, lo que llega a la Tierra son cenizas forjadas a mil millones de grados en esas estrellas de neutrones. Los científicos pudieron observarlo en directo el 17 de agosto de 2017 en una galaxia situada a 130 millones de años luz. Bueno, lo que vieron es la explosión que tuvo lugar hace 130 millones de años, cuando en nuestro planeta aún gobernaban los dinosaurios y que causó tanta energía como para formar una cantidad de oro equivalente a la masa de la Tierra. Ahora sólo falta saber cómo aprovecharlo sin que la fiebre del oro nos destruya antes.

via Espacio Misterio - El lugar para las mentes despiertas https://ift.tt/35mnFCC #eXplora #Ciencia #Misterio
Eso era Cuarto Milenio? Le sugiero que aproveche y lo vea. Algo bueno está pasando. En ningún programa va a ver a 600 científicos. Puede contarlos uno a uno. Abrazo!— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 22, 2020

October 22, 2020 at 02:23PM
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