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Mi prima sigue con secuelas, por cierto. De eso que es menos que una gripe. Neumonía Bilateral hace seis meses. Ahora secuelas. Nada, hombre. El miedo.— Iker Jiménez (@navedelmisterio) September 23, 2020

September 23, 2020 at 05:07PM
via Twitter https://twitter.com/navedelmisterio #eXplora #Ciencia #Misterio
Es un estudio muy interesante. Porque luego puedo combinar lo que se decía con lo que pasó. Ya lo hicimos en Origen. De alguna forma es una mera de pensar que tiene mucha gente.— Iker Jiménez (@navedelmisterio) September 23, 2020

September 23, 2020 at 05:09PM
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Vea reportajes que fueron del bando contrario y se queda tranquilo. No se pierda un comentario próximo en Cuarto Milenio. Va por ustedes!!!— Iker Jiménez (@navedelmisterio) September 23, 2020

September 23, 2020 at 05:11PM
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Yo no he pedido confinamiento. Niños fuera de aulas desde luego que si. El psicópata es el que los mantiene ahí en todo caso. Como experimento.— Iker Jiménez (@navedelmisterio) September 23, 2020

September 23, 2020 at 05:12PM
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Los océanos son considerados los principales sumideros naturales de carbono. En este sentido, adoptan un papel de tapón de los efectos del cambio climático, similar a la captura de carbono producida por los ecosistemas terrestres (como bosques o sabanas). No en vano, <strong>se calcula que en torno al 30% de todo el CO2 que los humanos emitimos a la atmósfera es absorbido por sus capas superficiales del mar.</strong>El océano captura (esto es, incorpora) y secuestra (almacena) el carbono procedente de la atmósfera. Y lo hace en distintas formas: como carbono inorgánico disuelto (bicarbonato y carbonato) resultante de la reacción del CO2 con el agua, como carbono orgánico (biomasa) resultante de la fotosíntesis de microalgas y como carbonato de calcio (CACO3) presente en organismos planctónicos, así como corales y moluscos.<strong>Parte de todo ese carbono se secuestra en las profundidades del océano, donde queda enterrado en las capas más profundas</strong> en un proceso que puede tardar cientos o millones de años. Los científicos llevan años elaborando <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/oceanos-almacen-mundial-co2_14206">estimaciones sobre la capacidad de los mares para capturar todo ese carbono</a>, el problema es que se tomaban <strong>datos no desde la superficie del océano, donde tiene lugar este fenómeno, sino a mayor profundidad, donde la temperatura es menos elevada.</strong> Ahora, una nueva investigación elaborada a partir de datos de la ESA, la NASA y la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de Estados Unidos (<a href="https://www.noaa.gov/">NOAA</a>), ha concluido que la absorción de carbono es incluso mucho mayor de lo que se esperaba.Más de 50 años de datos oceánicosLos científicos que realizaron el estudio, publicado recientemente en la revista <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-020-18203-3,">Nature Communications</a>, recopilaron datos desde 1957 y 2020 y los corrigieron, teniendo en cuenta las diferencias de las temperaturas superficiales y a pocos metros de profundidad, que obtuvieron con los datos proporcionados por satélites como el <a href="http://www.esa.int/SPECIALS/Eduspace_ES/SEM306E3GXF_0.html">ENvisat</a> de la ESA, el <a href="https://www.usgs.gov/centers/eros/science/usgs-eros-archive-advanced-very-high-resolution-radiometer-avhrr?qt-science_center_objects=0#qt-science_center_objects">AVHRR</a> de la NOAA y la serie <a href="https://www.eumetsat.int/website/home/Satellites/CurrentSatellites/Metop/index.html">MetOp</a> de EUMETSAT, así como el satélite <a href="https://sentinel.esa.int/web/sentinel/missions/sentinel-3">Copernicus Sentinel-3</a> de la ESA,Una vez corregidas las desviaciones, llegaron a la conclusión de que <strong>el flujo neto de carbono que penetra en los océanos está subestimado</strong>, pues no contabiliza aproximadamente unas 0,9 gigatoneladas anuales.Hasta ahora se habían contabilizado unas 0'9 gigatoneladas menos por año.“Estos resultados son consistentes con estimaciones independientes del tamaño del sumidero de carbono oceánico, aquellas basadas en estudios oceánicos globales realizados por barcos de investigación”, agrega el coautor Jamie Shutler, de la <a href="https://www.exeter.ac.uk/">Universidad de Exeter</a>, involucrado en el estudio. "Ahora que estas dos estimaciones separadas del tamaño del sumidero oceánico de dióxido de carbono concuerdan bastante bien, podemos ver y usar sus resultados con mayor seguridad, y confiamos en que lo más probable es que nos brinden una imagen precisa de lo que está sucediendo”.Andrew y Jamie formaban parte de un equipo de investigación en toda Europa, incluidos investigadores de la Universidad Heriot-Watt y UHI, Escocia, que anteriormente utilizaron datos SOCAT para estimar <strong>cómo fluye el carbono hacia y desde el océanos con una precisión sin precedentes.</strong> Descubrieron que, solo en 2010, <strong>fueron arrastradas al océano unas tres gigatoneladas de carbono, lo que les llevó a…
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Noticias #eXplora MediaLa Estación Espacial Internacional (ISS, en inglés), el laboratorio de 420 toneladas que orbita la Tierra a unos 400 kilómetros de altura, tuvo que hacer una maniobra de emergencia a las 23.19 (CEST) de este martes para evitar una potencial colisión con un pedazo de basura espacial. Los tripulantes de la Expedición 63 que están a bordo de la estación, el astronauta Chris Cassidy y los cosmonautas Anatoli Ivanishin e Ivan Vagner, se refugiaron en el módulo ruso para estar más cerca de la nave Soyuz MS-16, disponible para enviarles a la Tierra. Al mismo tiempo, los controladores de la NASA y de la rusa Roscosmos encendieron los motores de la nave de carga Progress 75, anclada a otro de los módulos de la estación, para alejar a la ISS de la trayectoria de impacto. La ignición tuvo que prolongarse durante 150 segundos. «Maniobra de ignición completa», dijo en Twitter Jim Bridenstine, administrador de la NASA, seis minutos después de que se apagaran los motores de la Progress. «Los astronautas han salido del refugio de seguridad».<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">Maneuver Burn complete. The astronauts are coming out of safe haven.</p>&mdash; Jim Bridenstine (@JimBridenstine) <a href="https://twitter.com/JimBridenstine/status/1308517691175645184?ref_src=twsrc%5Etfw">September 22, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Según ha comentado la NASA en una entrada de uno de sus blogs, la maniobra se hizo «por precaución» y «en ningún momento la tripulación estuvo en peligro». El inconveniente es que la red de vigilancia de basura espacial detectó el objeto con poco margen de tiempo, lo que obligó a adoptar esas medidas. Los restos, de un tamaño que no ha trascendido, iban a pasar a una distancia de 1.390 metros de la estación espacial a 00.21 CEST del miércoles. Después de finalizar estas maniobras, la tripulación abrió las compuertas que unían el módulo ruso con el resto de la estación y volvieron a sus actividades habituales. Está previsto que el mes que viene vuelvan a la Tierra a bordo de la Soyuz. El problema de la basura espacial Ésta ha sido la tercera vez en 2020 que la Estación Espacial Internacional ha tenido que ajustar su trayectoria para evitar una colisión con la basura espacial. En este sentido, Bridenstine ha comentado en Twitter que el problema de la basura «está yendo a más». Según estimacones de la Agencia Espacial Europea (ESA), existen 129 millones de piezas de basura espacial en la órbita del planeta, 34.000 de los cuales mide más de 10 centímetros. A la altitud a la que viaja la estación, estos fragmentos de basura viajan a velocidades de más de 28.000 kilómetros por hora, por lo que son auténticos proyectiles capaces de producir graves daños en la estación espacial y en el resto de naves y satélites.

via Ciencia https://ift.tt/3cpDo6N #Ciencia #Misterio
Noticias #eXplora Media¿Cuál es el sonido de las estrellas? Esta es la pregunta a la que quieren dar respuesta científicos de la NASA del observatorio de rayos X Chandra. Traduciendo los datos de este telescopio junto con los obtenidos por los telescopios espaciales Hubble y Spitzer, han sonificado el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, creando representaciones visuales y auditivas que conforman algo así como «la banda sonora» de nuestro vecindario cósmico, situado a 26.000 años luz de la Tierra. La sonificación es el proceso que traduce los datos en sonido, es decir, los 0 y 1 que envían los ordenadores a sonidos concretos. Tal y como se aprecia en el vídeo, sobre la imagen del centro de la galaxia se ve el reproductor, que pasa de izquierda a derecha recreando la posición y el brillo de las fuentes. «La luz de los objetos ubicados hacia la parte superior de la imagen se escuchan como tonos más altos mientras que la intensidad de la luz controla el volumen. Las estrellas y las fuentes compactas se convierten en notas individuales, mientras que las nubes extendidas de gas y polvo producen un esquema que se repite, pero que va evolucionando. El crescendo ocurre cuando llegamos a la región brillante en la parte inferior derecha de la imagen. Aquí es donde reside el agujero negro supermasivo de 4 millones de masas solares en el centro de la galaxia, conocido como Sagitario A *», explican en un comunicado los responsables del proyecto de Chandra. Imagen del centro de la galaxia sonorizada por la NASA - NASA/CXC/UMass/D. Wang et al.; Optical: NASA/ESA/STScI/D.Wang et al.; IR: NASA/JPL-Caltech/SSC/S.Stolovy Así es como cualquiera puede «escuchar los datos» de una región de 400 años luz de diámetro. Y no solo eso, sino que esta «BSO» se puede escuchar como en una sinfonía con cada uno de los telescopios haciendo de un instrumento diferente o por separado. «La imagen del Hubble describe las regiones de energía donde nacen las estrellas, mientras que la imagen infrarroja de Spitzer muestra nubes brillantes de polvo que contienen estructuras complejas. Los rayos X de Chandra revelan gas calentado a millones de grados por explosiones estelares y salidas de Sagitario A *», afirman desde la NASA. Otras regiones con «música» Además del centro galáctico, este proyecto también ha producido versiones sonificadas de los restos de una supernova llamada Cassiopeia A, o Cas A, y de los llamados «Pilares de la Creación», ubicados en Messier 16. En Cas A, los sonidos se asignan a cuatro elementos encontrados en los escombros de la estrella explotada, así como otros datos de alta energía. La distribución de silicio (rojo), azufre (amarillo), calcio (verde) y hierro (púrpura) «suena» en la reproducción, moviéndose desde la estrella de neutrones central hacia afuera, en cuatro puntos. Imagen de Casiopea que se acaba de sonificar - NASA/CXC/SAO Por su parte, en la pieza «Pilares de la Creación», se ha creado una composición mucho más extraña en la que los sonidos se generan moviéndose horizontalmente a través de la imagen de izquierda a derecha. Imagen que acaba de ser sonorizada de los llamados «Pilares de la Creación» - NASA/CXC/INAF/M.Guarcello et al.; Optical: NASA/STScI «Al igual que con la sonificación del centro galáctico, la posición vertical de la luz controla el tono, pero en este caso varía en un rango continuo. Se presta especial atención a la estructura de los pilares que se pueden escuchar como barridos de tonos bajos a altos y viceversa. Las dos "melodías" diferentes de luz óptica y de rayos X se pueden disfrutar de forma individual o simultánea», afirman. Una bella y rara composición, como el propio centro de nuestra galaxia.

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Noticias #eXplora MediaEl zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris) es un buceador extraordinario. Este cetáceo, que suele habitar aguas lejanas a la costa, alcanza casi los 3.000 metros de profundidad en sus inmersiones. Hasta ahora, se calculaba que los ballenatos, relativamente diminutos en comparación con una ballena azul pero más grandes que un elefante, permanecían sumergidos durante unos 33 minutos antes de agotar su oxígeno y recurrir a la respiración anaeróbica. Sin embargo, un equipo de la Universidad de Duke (EE.UU.) ha descubierto que son capaces de aguantar muchísimo más bajo el agua, logrando el increíble récord de inmersión de 3 horas y 42 minutos. Los investigadores de Duke sospechaban que estos tímidos mamíferos eran capaces de bucear durante mucho más tiempo de lo que se creía. Por ese motivo, decidieron seguir a los zifios y etiquetarlos desde un buque. No es tarea fácil, ya que estos animales pasan muy poco tiempo en la superficie para evitar a sus depredadores, las orcas. Durante un período de cinco años, el equipo marcó a 23 ballenatos y registró más de 3.600 inmersiones, que van desde 33 min a 2 h y 13 min, todas las cuales superaron ampliamente el punto en el que se pensaba que los zifios de Cuvier se quedaban sin oxígeno. Sabiendo que aproximadamente el 95% de las inmersiones realizadas por otros mamíferos se completan antes de que disminuyan sus reservas de oxígeno, el equipo volvió a verificar sus datos y se dio cuenta de que si ocurre lo mismo con los zifios, entonces podrían permanecer sumergidos durante unos increíbles 77,7 min antes de recurrir a la respiración anaeróbica. «Realmente nos sorprendió que estos animales fueran capaces de ir mucho más allá de lo que las predicciones sugieren que deberían ser sus límites de buceo», admite Nicola Quick, responsable del estudio publicado en la revista «Journal of Experimental Biology». Además, el equipo registró dos inmersiones extraordinarias en 2017, que superaban con creces sus mejores expectativas. Una duró casi tres horas, mientras que la otra se prolongó durante tres horas y 42 minutos. «No lo creímos al principio. Son mamíferos después de todo, y cualquier mamífero que pase tanto tiempo bajo el agua parece increíble», explica Quick. Extraordinaria recuperación Pero, ¿cuánto tardaron los ballenatos en recuperarse de estas inmersiones de récord? Después de analizar el tiempo entre inmersiones de alimentación, Quick se sorprendió de que no hubiera un patrón claro. Aunque una ballena reanudó el buceo en busca de alimento 20 min después de una inmersión de dos horas, otra que había completado una inmersión de 78 min pasó casi cuatro horas haciendo inmersiones más cortas y regresando a la superficie antes de iniciar la siguiente inmersión en busca de alimento. «Al entrar en el estudio, pensamos que veríamos un patrón de mayor tiempo de recuperación después de una inmersión larga. El hecho de que no lo hiciéramos abre muchas otras preguntas», dice la investigadora. Desconcertados por la extraordinaria resistencia del zifio de Cuvier, Quick y Andreas Fahlman, de la Fundación Oceanográfica de la Comunidad de Valencia, sospechan que los animales pueden tener un metabolismo excepcionalmente bajo, junto con reservas de oxígeno más grandes de lo habitual y la capacidad de soportar la acumulación de ácido láctico en sus músculos cuando cambian al metabolismo anaeróbico en las inmersiones que superan los 77,7 minutos. Quick también está intrigada por las razones detrás de las dos inmersiones récord: «Puede ser que hubiera un parche de comida particularmente productivo, alguna amenaza percibida... [o] alguna perturbación del ruido influyó en estas inmersiones», argumenta.

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Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/09/23/agujero-negro-k12E--620x349@abc.jpg">Media</a>En abril del año pasado, el mundo quedó atónito al contemplar la primera imagen de un agujero negro de la historia. O, más concretamente, la silueta de su ominosa sombra rodeada por un brillante anillo de materia incandescente y anaranjada. El «monstruo», a 55 millones de años luz de la Tierra, era el agujero negro supermasivo M87*, con una masa equivalente a la de 7.000 millones de soles y situado en el centro de una galaxia de idéntico nombre. La hazaña científica se consiguió tras largos años de esfuerzos de centenares de investigadores de la colaboración internacional que opera el Event Horizon Telescope (EHT), un telescopio «virtual» casi del tamaño de la Tierra formado por una red de potentes radiotelescopios repartidos en varios continentes. Ahora, el análisis de datos no publicados de observaciones de M87* realizadas entre 2009 y 2013 por los científicos del EHT ha revelado que la sombra del gigantesco agujero negro está «tambaleándose», y ha girado de forma significativa durante los diez últimos años. Los resultados completos de este trabajo se acaban de publicar en The Astrophysical Journal. «El EHT -explica Macek Wielgus, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard Smithsonian y primer firmante del artículo- puede detectar cambios en la morfología de M87* en escalas de tiempo tan cortas como unos pocos días, aunque su geometría general debería ser constante en escalas de tiempo más largas. En 2019 pudimos contemplar por primera vez la sombra de un agujero negro, pero solo vimos imágenes tomadas en una ventana temporal de una semana de observación de 2017, que es demasiado poco para apreciar demasiados cambios». Por eso, la combinación de datos anteriores, recabados entre 2009 y 2013, con los publicados en 2019 reveló que, en rasgos generales, la forma de la sombra del agujero negro se ha mantenido constante y su diámetro sigue estando de acuerdo con lo previsto por la relatividad general de Einstein para un agujero negro de casi 7.000 millones de masas solares. Lo cual es una confirmación importante de las teorías vigentes y nos da «más confianza que nunca sobre la naturaleza de M87* y el origen de la sombra». La animación muestra un año completo de evolución de M87* según las simulaciones informáticas - G. Wong, B. Prather, cap. Gammie, M. Wielgus/colaboración EHT Una sorpresa inesperada Los datos, sin embargo, también revelan que el colosal agujero negro ocultaba una sorpresa: el brillante anillo que gira a su alrededor se tambalea, y eso es una gran noticia para los investigadores. Por primera vez, en efecto, podrá estudiarse la estructura dinámica del flujo de acreción del agujero negro. Y es precisamente esa región la que tiene la clave para comprender por qué muchos agujeros negros lanzan por sus polos grandes chorros de energía casi a la velocidad de la luz. Esos chorros de partículas a toda velocidad resultan a su vez de vital importancia para comprender cómo se relaciona el agujero negro con su galaxia anfitriona. Pero volvamos al brillante anillo de acreción. El gas que se acerca y cae hacia un agujero negro se calienta hasta alcanzar una temperatura de miles de millones de grados, se ioniza y se vuelve turbulendo debido a la presencia de fuertes campos magnéticos. Y esa turbulencia es la que, precisamente, hace que la apariencia del agujero negro varíe con el tiempo. «Debido a que el flujo de materia que cae sobre un agujero negro es turbulento -indica Wielgus- vemos que el anillo se tambalea con el tiempo». Y eso desafía algunos de los modelos teóricos de cómo se produce y evoluciona la acreción. «Hemos visto mucha variación allí -prosigue Wielgus- y no todos los modelos teóricos de flujo de acreción permiten tanta variabilidad. A medida que obtengamos más mediciones en el futuro, seremos capaces de imponer restricciones a los modelos con confianza y descartar algunas de ellas». Los efectos…
Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/09/23/agujero-negro-k12E--620x349@abc.jpg">Media</a>En abril del año pasado, el mundo quedó atónito al contemplar la primera imagen de un agujero negro de la historia. O, más concretamente, la silueta de su ominosa sombra rodeada por un brillante anillo de materia incandescente y anaranjada. El «monstruo», a 55 millones de años luz de la Tierra, era el agujero negro supermasivo M87*, con una masa equivalente a la de 7.000 millones de soles y situado en el centro de una galaxia de idéntico nombre. La hazaña científica se consiguió tras largos años de esfuerzos de centenares de investigadores de la colaboración internacional que opera el Event Horizon Telescope (EHT), un telescopio «virtual» casi del tamaño de la Tierra formado por una red de potentes radiotelescopios repartidos en varios continentes. Ahora, el análisis de datos no publicados de observaciones de M87* realizadas entre 2009 y 2013 por los científicos del EHT ha revelado que la sombra del gigantesco agujero negro está «tambaleándose», y ha girado de forma significativa durante los diez últimos años. Los resultados completos de este trabajo se acaban de publicar en The Astrophysical Journal. «El EHT -explica Macek Wielgus, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard Smithsonian y primer firmante del artículo- puede detectar cambios en la morfología de M87* en escalas de tiempo tan cortas como unos pocos días, aunque su geometría general debería ser constante en escalas de tiempo más largas. En 2019 pudimos contemplar por primera vez la sombra de un agujero negro, pero solo vimos imágenes tomadas en una ventana temporal de una semana de observación de 2017, que es demasiado poco para apreciar demasiados cambios». Por eso, la combinación de datos anteriores, recabados entre 2009 y 2013, con los publicados en 2019 reveló que, en rasgos generales, la forma de la sombra del agujero negro se ha mantenido constante y su diámetro sigue estando de acuerdo con lo previsto por la relatividad general de Einstein para un agujero negro de casi 7.000 millones de masas solares. Lo cual es una confirmación importante de las teorías vigentes y nos da «más confianza que nunca sobre la naturaleza de M87* y el origen de la sombra». La animación muestra un año completo de evolución de M87* según las simulaciones informáticas - G. Wong, B. Prather, cap. Gammie, M. Wielgus/colaboración EHT Una sorpresa inesperada Los datos, sin embargo, también revelan que el colosal agujero negro ocultaba una sorpresa: el brillante anillo que gira a su alrededor se tambalea, y eso es una gran noticia para los investigadores. Por primera vez, en efecto, podrá estudiarse la estructura dinámica del flujo de acreción del agujero negro. Y es precisamente esa región la que tiene la clave para comprender por qué muchos agujeros negros lanzan por sus polos grandes chorros de energía casi a la velocidad de la luz. Esos chorros de partículas a toda velocidad resultan a su vez de vital importancia para comprender cómo se relaciona el agujero negro con su galaxia anfitriona. Pero volvamos al brillante anillo de acreción. El gas que se acerca y cae hacia un agujero negro se calienta hasta alcanzar una temperatura de miles de millones de grados, se ioniza y se vuelve turbulendo debido a la presencia de fuertes campos magnéticos. Y esa turbulencia es la que, precisamente, hace que la apariencia del agujero negro varíe con el tiempo. «Debido a que el flujo de materia que cae sobre un agujero negro es turbulento -indica Wielgus- vemos que el anillo se tambalea con el tiempo». Y eso desafía algunos de los modelos teóricos de cómo se produce y evoluciona la acreción. «Hemos visto mucha variación allí -prosigue Wielgus- y no todos los modelos teóricos de flujo de acreción permiten tanta variabilidad. A medida que obtengamos más mediciones en el futuro, seremos capaces de imponer restricciones a los modelos con confianza y descartar algunas de ellas». Los efectos…