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Noticias #eXplora <a href="https://static2.abc.es/media/ciencia/2020/09/28/Gorila-ktU--620x349@abc.jpg">Media</a>La semana pasada, una cuidadora de primates del zoo de Madrid de 46 años quedó herida grave tras la agresión de Malabo, un gorila macho de 200 kilogramos de peso. La trabajadora, con 19 años de experiencia, sufrió traumatismos en la cabeza y fracturas en ambos brazos. Según informó el Zoo Aquarium de Madrid, la empleada accedió a una jaula donde se encontraba el animal, en «una zona interior y acotada con una triple puerta». Al parecer, por alguna causa que se desconoce, sorprendió al animal mientras se disponía a tomar su desayuno y éste se abalanzó sobre ella y la zarandeó. Según el zoo de Madrid, no había ocurrido algo así en los 49 años en los que las instalaciones llevan a abiertas en la Casa de Campo. En opinión de María Teresa Abelló, conservadora de primates del zoo de Barcelona, con 35 años de experiencia, y presidenta del proyecto internacional de conservación de gorilas (EEP), «es raro que haya ocurrido un accidente así, porque las medidas de seguridad para trabajar con grandes simios son muy exigentes». La más importante de todas ellas es no entrar en contacto directo con los animales, salvo en circunstancias excepcionales, si no es a través de barrotes u otras protecciones. Un «marcaje» del animal En su opinión lo más probable es que el ataque del gorila fuera un «marcaje» a la cuidadora, es decir, una agresión de cierta intensidad con la que el este animal trató de marcar su territorio o su dominancia, tal como los perros hacen cuando marcan con sus mandíbulas sin llegar a morder con fuerza. «Si hubiera querido, la habría matado», ha dicho Abelló. «Pero el marcaje de un gorila de 200 kilos tiene sus consecuencias», ha añadido. Según ella, estas agresiones «pueden implicar golpes, empujones, mordiscos o que te lancen por los aires». Pero, dada su fuerza, «te pueden hacer mucho daño». No obstante, ha hecho hincapié en que «el gorila seguramente no tenía intención de agredirla fuertemente». «Si hubiera querido, la habría matado. Pero el marcaje de un gorila de 200 kilos tiene sus consecuencias» Malabo, un gorila macho de espalda plateada en el zoo de Madrid - Zoo Acuarium de Madrid En este sentido, la conservadora ha recordado una experiencia personal con una joven gorila de cinco años: «Estaba jugando con ella y tocándole con un dedo a través de los barrotes. Me mordió el dedo, jugando, y me quedé blanca: me hizo tanto daño que pensé que iba a perder el dedo... Ella enseguida se dio cuenta y me lo soltó, con cara de sorpresa. Mi dedo quedó muy chafado, pero no me lo cortó, aunque conozco dos o tres casos de personas que se quedaron sin su dedo». El código de los gorilas Al igual que otros muchos animales, los gorilas dan señales de aviso antes de iniciar una agresión. «Cuando están enfadados, hinchan y aprietan los labios, pero depende de la situación: si están en un espacio cerrado, donde no hay una distancia de respeto, y se ven sorprendidos, pasan a la secuencia de agresión directamente», ha explicado la conservadora del zoo de Barcelona. En cambio, en el medio natural mantener la distancia con ellos es suficiente para evitar el conflicto y que se sientan amenazados. «Cuando están enfadados, hinchan y aprietan los labios, pero depende de la situación: si están en un espacio cerrado, donde no hay una distancia de respeto, y se ven sorprendidos, pasan a la secuencia de agresión directamente» En el caso ocurrido en Madrid, la conservadora duda de que el animal se pusiera nervioso porque estuviera comiendo: «Normalmente se ponen muy contentos cuando saben que les toca comer, aunque sí que puede existir una agresión por la competencia por el alimento: quizás se encontró en una situación extraña, en un habitáculo o con una persona que no le correspondía e hizo el marcaje». Animales muy inteligentes, poderosos y tranquilos Según María José Luis Cerezo, portavoz del Zoo Aquarium de Madrid, los gorilas «son animales…
Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/09/30/kyle-harper2-kJAC--620x349@abc.jpg">Media</a>La historia del ser humano está estrechamente vinculada a las pandemias. En el siglo II d.C., la terrible plaga Antonina, probablemente causada por la viruela, mató a siete u ocho millones de personas, afectando profundamente a un imperio romano que estaba en su apogeo. Paradójicamente, esta epidemia no habría ocurrido si las comunicaciones y las ciudades romanas no se hubieran desarrollado tanto. De igual manera, la gripe del 1918 quizás no se habría extendido como lo hizo, matando a millones de personas, si el mundo no hubiera estado tan devastado por los rigores de la Primera Guerra Mundial. Kyle Harper es autor de «El fatal destino de Roma» - Crítica Kyle Harper, profesor de la Universidad de Oklahoma (Estados Unidos) y autor de «El fatal destino de Roma», está especializado en la historia de las epidemias y las economías. Su trabajo está centrado en comprender cómo las sociedades moldean el medio ambiente y cómo ésto a su vez tiene consecuencias que repercuten en el destino de las mismas sociedades. Por eso, afirma que, en cierto sentido, «cada sociedad tiene la pandemia que se merece», en términos ecológicos, pero no morales. Cree que la COVID-19 es una enfermedad que explota las vulnerabilidades del mundo contemporáneo, como la gran interconectividad o la alta densidad de población. De hecho, coincide con los expertos que afirman que el modo de vida actual, caracterizado por el vasto uso de los recursos naturales del planeta, ha inaugurado una nueva era de pandemias globales causadas por patógenos emergentes. -¿Qué puede enseñarnos la historia sobre el presente o el futuro de las epidemias? La historia puede enseñarnos a entender cómo el impacto humano sobre el medio ambiente, con sus ciudades, comunicaciones o sistemas de producción, tuvo consecuencias. Es decir, que cada época tiene la pandemia que se merece, en términos ecológicos, no morales. Por eso, de alguna forma esta pandemia era completamente previsible. No sabíamos cuándo o dónde iba a ocurrir pero sabíamos que muchas especies de patógenos están constantemente tratando de atravesar la barrera de las especies e infectar a humanos. Muchos científicos predijeron que algo así iba a pasar. -¿En qué sentido cree que cada época tiene la pandemia que se merece? Una de las vulnerabilidades que definen a nuestra sociedad es la conectividad global y la gran densidad de población. Por eso, de entre todas las enfermedades infecciosas posibles, las causadas por virus respiratorios son probablemente las que más peligrosas son para nosotros. Sobre todo si los patógenos tienen un alto grado de transmisibilidad, incluso en personas asintomáticas, con un periodo de incubación largo. Por eso, por desgracia el SARS-CoV-2 es casi el patógeno perfecto para las vulnerabilidades de nuestra sociedad. «Por desgracia, el SARS-CoV-2 es casi el patógeno perfecto para las vulnerabilidades de nuestra sociedad» Una estación de ferrocarril en Hangzhou, China, el pasado 30 de septiembre. Según Kyle Harper la densidad de población y la interconectividad son dos vulnerabilidades de las que el SARS-CoV-2 se «ha aprovechado» - EFE -¿Casi? ¿Podría ser peor? Sin duda. Habrá otra pandemia en el futuro y podría estar causada por un patógeno más letal. De hecho, los otros coronavirus causantes del SARS o del MERS son más letales. Creo que hemos tenido suerte y que podríamos aprovechar esta pandemia para aprender sobre nuestras vulnerabilidades y cómo podemos afrontarlas ante las próximas pandemias. -Entonces, ¿es la letalidad el ingrediente que le falta al SARS-CoV-2 para ser el peor patógeno posible? Muy probablemente. La gripe de 1918 fue probablemente más severa que la COVID-19. Sin duda, sus tasas de mortalidad fueron más altas —los cálculos oscilan, pero se habla de que causó entre 10 y 50 millones de víctimas mortales en dos años— aunque yo sería cauteloso. Hoy en día tenemos mejores…
Bueno, pues ya estamos oficialmente confinados.
Suerte a todos. Venceremos. ✌️— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 2, 2020

October 02, 2020 at 10:01PM
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