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Aha, ya veo que tú en tu perfil obvias la política. Apolítico total.Independencia total. Haces muy bien. Tu no dejas nada que desear. 👍— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 9, 2020

October 09, 2020 at 10:06PM
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Jejejeje, pues es una cosa que hacemos desde casa hace años y que le puede gustar. Tome nota Canal Iker Jiménez Youtube. Es #MilenioLive. Si se suscribe le avisarán de cada programa. Y tiene todos en la página de youtube. A mandar!!— Iker Jiménez (@navedelmisterio) October 9, 2020

October 09, 2020 at 10:11PM
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Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/09/eduardo-saenz-de-cabezon-k0qE--620x349@abc.jpg">Media</a>Para muchos, las matemáticas son un fastidio, un galimatías sin sentido, un extraño idioma al nivel arameo antiguo. Sin embargo, hay quien se empeña en enseñar que en realidad los números no son solo pesadillas en tiempo de exámenes y que pueden ser incluso algo divertido. Muy divertido. Es el caso del matemático y presentador del programa de televisión «Órbita Laika» (La 2), Eduardo Sáenz de Cabezón, que en su último libro urde un «Apocalipsis Matemático» (Plan B, 2020) en el que recoge los temas más famosos de su canal de YouTube, «Derivando», que le dio la fama en el ciberespacio. Desde los números perfectos a la importancia del teorema de Pitágoras, pasando por la demostración de que el 73 es el único número primo de Sheldon Cooper (exacto: el personaje de la serie «The Big Bang Theory» que, de hecho, motivó un descubrimiento), Sáenz de Cabezón recopila de forma amena e incluso práctica (cuenta con acertijos de diferentes niveles) «las revelaciones +divertidas y +grandiosas de las matemáticas». Aquí, algunas curiosidades acerca del número más «singular» de todos: el cero. ¿Quién inventó el cero? Convivimos de manera natural con él, es parte de nuestra vida. Pero no siempre ha estado ahí, ¿no? Porque, ¿qué es cero? «Resulta que el cero es... varias cosas a la vez», desvela el matemático. Y lo primero que fue es «la nada»: «Para empezar, el cero representa una cantidad nula, la nada, es decir, cuando no tenemos nada que contar». Es por ello que el uso más básico del cero se extendió por casi todas las civilizaciones. Eso sí, no tal cual nuestro 0, sino con otro símbolo, una palabra, un hueco... Cuando el cero cuenta Pero el cero no solo sirve para designar «la nada». Dependiendo de su posición, puede contar o no. Esto es el cero posicional. «Allí donde hay un sistema de numeración posicional -como nuestro sistema, con base 10- necesitamos un uso del cero más especializado para saber, por ejemplo, que en 2202 no hay nada en el lugar de las decenas y que por tanto 2202 no es lo mismo que 222», explica Sáenz de Cabezón. Los responsables de este uso son los babilonios y los mayas, quienes de forma independiente idearon este cero «que cuenta». Los primeros fueron seguramente a partir de quienes llegó este sistema a India, en donde evolucionó para convertirse en un número de pleno derecho: entró en la aritmética y dejó de ser solo un símbolo posicional. ¿Qué pasaba mientras en Europa? Ni griegos ni romanos contemplaban el cero (y aún así llevaron a cabo descubrimientos que han servido de base a mucha de la ciencia actual), y hubo que esperar hasta la Edad Media, momento en el que los árabes entraron por la península ibérica (son notables las figuras de Ibn Ezra, Gerberto de Aurillac y el famoso Fibonacci) y le enseñaron las bondades de la mágica cifra al «mundo civilizado». Pero, aún así, no hubo una «fiebre del cero» por todo el viejo continente. «Muchos de los avances de las matemáticas renacentistas se produjeron sin el cero. El gran Cardano, protagonista (junto con otros) de uno de los adelantos más potentes de la matemática del Renacimiento -la resolución de las ecuaciones generales de grado tres y de grado cuatro-, realizó todas sus investigaciones sin ayuda del cero)», explica el autor. «A veces damos por supuesto que las cosas en matemáticas resultan más naturales o más obvias para todos de lo que en realidad son, y la historia del cero es un ejemplo tremendo de todo lo contrario: algo que para nosotros es hoy de uso corriente, y que parece que ha estado ahí toda la vida, costó siglos y siglos comprenderlo y encontrar su verdadera utilidad en matemáticas. Y todavía no llegamos a dominarlo del todo...». ¿Se puede dividir entre cero? La suma, la resta y la multiplicación por cero es bastante fácil. Pero cuando llegamos a la división... la cosa se complica. «Dividir entre cero es una cosa dificilísima…
Noticias #eXplora MediaEl sexo de las aves y los mamíferos se encuentra determinado directamente por la herencia cromosómica, ser macho o hembra depende de los genes recibidos. Sin embargo, en los reptiles hay una menor diversidad y el sexo está muy condicionado por la temperatura de la arena en la que eclosionan los huevos. Precisamente esta es la razón por la que los rasgos externos de estos reptiles sean casi indistinguibles para un ojo inexperto, ya que al no existir un gen especializado el dimorfismo sexual es muy pequeño. ¿Chico o chica? Hay una serie de singularidades anatómicas que pueden ayudarnos a diferenciar el macho de la hembra. Una de ellas es el plastrón, esto es, la estructura aplanada que conforma la parte del vientre del caparazón. En el caso de los machos es cóncavo, para facilitar el apareamiento, y en las hembras es plano o incluso convexo. El segundo es la cola, que es más larga y gruesa en los machos que en las hembras. En tercer lugar habría que fijarse en el tamaño, ya que por lo general las tortugas hembras son más grandes que los machos. Por último, tendríamos que prestar atención al orificio cloacal, un agujero colocado en la base de las tortugas que funciona tanto como órgano sexual como orificio anal. Los machos lo tienen en la cola –en la parte exterior del caparazón- mientras que en las hembras se localiza dentro de esta estructura anatómica. La temperatura actúa de llave biológica Los científicos han observado que en algunas especies los huevos que son incubados a temperaturas bajas producen machos, en otras proceden de huevos incubados a temperaturas altas y, en un tercer grupo, nacen de huevos incubados a temperaturas intermedias. Esto es debido a que el futuro sexual de estos quelónidos viene determinado por un gen sensible a la temperatura –el Kdm6b- que a su vez está condicionado por las indicaciones moleculares que recibe de otro gen. La temperatura actúa a modo de interruptor biológico lo cual incide bien positivamente sobre los órganos sexuales inmaduros de la tortuga, permitiendo que se desarrollen los testículos, o bien inactivando el gen y propiciando la aparición de una tortuga de sexo femenino. En el caso de las tortugas marinas invariablemente los machos proceden de huevos incubados a temperaturas bajas. Si se incuban a 29ºC la proporción entre los dos sexos es similar, se incrementan la proporción de machos si la temperatura desciende y la de hembras a temperaturas superiores. El cambio climático favorece a las hembras A esta circunstancia hay que añadir otra no menos importante: las hembras tienden a nidificar en las playas donde nacieron, lo que en términos científicos se conoce como filopatría. Debido a que las playas cálidas producen más hembras que las playas frías, las primeras tendrán, a la larga, un mayor retorno de hembras adultas, lo cual acabará concentrado la población reproductora y, por tanto, favoreciendo el nacimiento de crías femeninas. El cambio climático actual ha complicado todavía más la situación, ya que el calentamiento provoca un colapso poblacional con un mayor número de hembras que de machos. Todas estas evidencias pueden colocar a la especie en la picota de la extinción. Vayamos a un caso concreto: el número de hembras de la colonia de tortugas verdes más grandes e importantes del Océano Pacífico supera al de los machos en una relación 116:1. M.Jara Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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