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Visitantes y parte del personal que trabaja en el castillo son los que afirman que allí ocurren sucesos extraños que afectan sobre todo a una habitación: la 202 #CuartoMilenio pic.twitter.com/3XyEEPSF2G— Iker Jiménez (@navedelmisterio) November 1, 2020

November 01, 2020 at 11:32PM
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Un equipo de #CuartoMilenio, capitaneado por @claratahoces se ha desplazado al lugar para investigar los sucesos extraños que –según los testigos– acontecen en su interior. pic.twitter.com/qKK8scpQSi— Iker Jiménez (@navedelmisterio) November 1, 2020

November 01, 2020 at 11:36PM
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Noticias #eXplora <a href="https://static4.abc.es/media/ciencia/2020/10/30/mat-kfIG--620x349@abc.jpg">Media</a>Entre las muchas citas que uno escucha sobre casi cualquier asunto (normalmente con el suficiente ingenio como para llamar la atención y alguna parte de verdad que redondeé la frase y nos haga reflexionar o, al menos, para que esbocemos una sonrisa) en alguna ocasión he leído u oído que las matemáticas es la disciplina en la que las cosas o son útiles o son divertidas. La construcción disyuntiva de la sentencia implica que no pueden darnos algo útil y a la vez divertido (algo que no comparto, pero de esto podemos hablar otro día). Hoy voy a contarles algo entretenido, más que divertido, y por ahora, completamente inútil (de modo que los aficionados al estoparaquesirve, vayan pensando otra pregunta más original): los números de Friedman. Se han bautizado con ese nombre a aquellos números enteros que puedan expresarse con los dígitos con los que están formados utilizando las operaciones aritméticas básicas (suma, resta, multiplicación y división) junto a las potencias y los paréntesis. Por ejemplo: Si nos fijamos un poco, los dígitos aparecen en el segundo miembro en el mismo orden que su expresión decimal. No es necesario para que sea un número de Friedman. En otras palabras, también son números de Friedman: Estaremos no obstante de acuerdo en que quedan mejor en el mismo orden. Por ello se les ha añadido en ese caso el calificativo de simpáticos: números de Friedman simpáticos . También he visto el adjetivo agradables. No sé muy bien a quien se debe esa expresión (en el original en inglés se denominan, nice Friedman numbers; quizá yo sea un poco «soso» pero considero, en ambos idiomas, que una expresión más acorde sería la de números de Friedman propios, pero, en fin, como se suele decir, doctores tiene la Santa Madre Iglesia). ¿Lo hemos entendido? ¿Seguro? Obsérvese en los dos ejemplos anteriores que pueden utilizarse números de más de una cifra, con tal de que sus dígitos sean del número inicial. Así para el 121 podemos utilizar el 11, o para el 1022 la potencia 10. Lo que no se puede es poner ceros delante del número, porque entonces cualquier número sería de Friedman. El 24, por ejemplo, podríamos ponerlo como 024 = 20 + 4. Entonces podríamos hacer esa jugada con cualquier número porque bastaría con añadir tantos ceros delante como nos hicieran falta para descomponerlo en suma: Y así sucesivamente, de modo que no vale poner ceros por delante. Bien, esto aparentemente no es más que un pasatiempo, con el que «entretener» a los alumnos para que practiquen un poco el cálculo y las operaciones (¿o quizá no?). Pero como los matemáticos no podemos dejar las cosas en algo tan «trivial», podemos empezar a hacernos preguntas. Por ejemplo, ¿existen infinitos números de Friedman, o sólo son un capricho curioso de unos pocos números? ¿Cómo podemos demostrar que hay, o no, infinitos? En realidad, aunque lo parezca, resolver esa cuestión no es demasiado complicado, …, si han entendido bien la pregunta, porque en matemáticas muchas veces nos obcecamos con lo que creemos entender y no con lo que en realidad es. Probar que existen infinitos números de Friedman no quiere decir «encontrarlos todos» (entre otras cosas porque si son realmente infinitos, nunca terminaríamos, salvo que pudiéramos describirlos con una fórmula). Nos bastará con encontrar una expresión que agrupe a infinitos de ellos, aunque no sean todos. Y esa expresión existe y alguien la ha encontrado y nos la ha legado: para todo n > 0. Está claro que el número n es tan grande como queramos (puede tomar infinitos valores, por tanto), y que 161051 es igual que 115. En el segundo miembro se han utilizado los tres unos, el seis, el cinco, pero, ¿por qué esa suma de ceros? Si n = 1, el número es: Si cuentan el número de ceros que aparecen (para eso les he incluido una separación cada tres dígitos), son 18 x 3 + 1, o sea 55. En la expresión del segundo miembro, recopilemos…
Noticias #eXplora MediaEn su «Origen de las especies», Charles Darwin se planteaba algunas preguntas que pueden parecer triviales pero que no lo son en absoluto: ¿Qué es una especie? ¿Cómo y por qué surge una nueva especie? En general, se entiende que una especie es una población de organismos que tiene descendencia común. Dicha población se distingue de otras especies en al menos una adaptación, un rasgo heredable que aumenta la descendencia o la supervivencia de dichos organismos, y que se fija en la población por selección natural. Por tanto, para que aparezca una nueva especie es fundamental que aparezcan ciertas diferencias en los genes de los animales. Sin embargo, la realidad no siempre encaja con la definición «clásica» de especie. Por ejemplo,... Ver Más

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–Una tradición arraigada entre las escocesas consistía en poder ver el rostro de su futuro marido en el espejo si colgaban sábanas mojadas frente al fuego la noche de Halloween. Otra versión es que las jóvenes pelan una manzana frente al espejo, alumbradas únicamente con la luz de una vela: si logran pelarla en una única tira, el espejo les mostrará a su futuro esposo. –Las primeras calabazas de Halloween eran nabos. Los druidas portaban un gran nabo hueco al que habían esculpido un rostro en su parte frontal y que llevaba una vela encendida a modo de linterna, para representar al espíritu maligno del que debían obtener poder y conocimiento, un "espíritu familiar". Cuando esta tradición llegó al Nuevo Mundo, no había nabos, pero sí un vegetal nativo con excedente: la calabaza. –Los jóvenes estadounidenses suelen acudir a scary farms o "granjas terroríficas", grandes espacios donde se crean escenas especiales como si se tratase de platós de rodaje. –El miedo a Halloween existe, y está catalogado dentro de las patologías psiquiátricas: Samhaimnofobia. –Según un estudio realizado en por la empresa The Harris Poll en 2014, un 42% de los estadounidense cree en fantasmas, cifra que aumenta hasta el 52% en Gran Bretaña. No es raro que Halloween sea para ellos una festividad especial. El miedo a Halloween es una patología catalogada: la Samhaimnofobia –Las películas de terror son, claro, las preferidas para estas fechas. Según un estudio realizado por la Universidad de Westminster (Reino Unido), el visionado de este tipo de películas puede hacernos quemar cerca de 200. Según la compañía de distribución Lovefilm, la cinta que consigue que un espectador quema más calorías –hasta 184– es El Resplandor, dirigida en 1980 por Stanley Kubrick y protagonizada por un desatado Jack Nicholson. –Salem (Massachusetts) y Anoka (Minnesota) tienen el dudoso privilegio de ser consideradas capitales mundiales de Halloween. –En Japón Halloween es más picantón; orientado principalmente a los adultos, los bares o clubes suelen organizar celebraciones en las que se combina lo terrorífico con lo erótico, con disfraces un tanto extravagantes. –Los druidas pensaban que los gatos negros eran seres humanos reencarnados y que el sacerdote tenía la habilidad de adivinar el futuro a través de ellos. De aquel tiempo parte la superstición que acompaña al desdichado minino: si alguno se cruzaba en el camino de una persona, significaba que podía poseerla, un mal augurio. –La costumbre de la burla –Trick– en Halloween, está relacionada de nuevo con la creencia de que los espíritus y las brujas hacían un daño esa noche especial desde tiempos pretéritos. Por ello, se creía que si el vivo no proveía comida o dulces –treats– a los espíritus, entonces éstos se burlaban de él. Las gentes creían que si no se honraba a los espíritus, podrían sucederles terribles desgracias; asimismo, los druidas pensaban que al fracasar adorando al Señor de la Muerte sufrirían desastrosas consecuencias.

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