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La historia de "Pan y circo"
Hace 2.000 años, un poeta romano ya denunciaba la adicción al pan.
Se llamaba Décimo Junio Juvenal. Vivió en Roma entre los años 55 y 128 después de Cristo. Y escribió una frase que se convirtió en la más famosa de la historia sobre el control social:
“Panem et circenses.” Pan y circo.
Juvenal denunció que el pueblo romano había renunciado a su libertad, a su dignidad, a su participación política. ¿A cambio de qué? De dos cosas: pan gratis y espectáculo gratis. El pueblo más poderoso de la historia de la humanidad, reducido a pedir su dosis diaria de trigo.
¿Y cómo funcionaba el sistema? Exactamente como una operación de narcotráfico a escala imperial.
Roma repartía trigo gratis a 200.000 ciudadanos cada mes. El programa se llamaba la Annona — y era tan importante que tenían una diosa oficial del trigo con ese mismo nombre. Le acuñaban monedas con su cara. El funcionario que controlaba el suministro de trigo — el “praefectus annonae” — era uno de los hombres más poderosos del imperio. No era un ministro de agricultura. Era el hombre que decidía si el pueblo comía o no comía.
¿Y de dónde venía el trigo? De las colonias. De Egipto. Del norte de África. De Sicilia. Roma no producía suficiente para su propia población. Dependía totalmente de la importación. Cientos de barcos cruzaban el Mediterráneo cargados de trigo para alimentar a una ciudad de un millón de personas que no podía alimentarse sola.
Los políticos romanos descubrieron algo que nadie ha olvidado desde entonces: quien controla el trigo, controla al pueblo. Los hermanos Graco lo usaron para ganar lealtad popular. Julio César expandió la distribución. Augusto creó la burocracia permanente para administrarlo. Y cada emperador después de él mantuvo el sistema porque cortarlo significaba una revolución.
¿Y qué pasaba cuando el trigo se atrasaba? La gente enloquecía. Literalmente.
En el año 51 después de Cristo, cuando quedaban solo 15 días de reserva de trigo en Roma, una muchedumbre furiosa rodeó al emperador Claudio en el Foro y le lanzaron pedazos de pan duro a la cabeza hasta que los soldados tuvieron que sacarlo. En el año 68, la escasez de trigo ayudó a derrocar al emperador Nerón. En el año 189, alguien creó una escasez artificial para subir los precios, y el emperador Cómodo tuvo que mandar a la caballería a reprimir a la multitud.
Gente que se vuelve violenta cuando le quitan el pan. ¿Le suena conocido? Es exactamente el comportamiento de un adicto cuando le quitan la sustancia.
Juvenal no usó la palabra “adicción” porque ese concepto no existía en su época. Pero describió exactamente lo que hoy cualquier especialista en adicciones reconocería: un pueblo entero que renunció a pensar, a participar, a exigir, a luchar por sus derechos. A cambio de una dosis diaria de trigo y entretenimiento. Hace 2.000 años.
El sistema creó una clase completa de ciudadanos dependientes del Estado para comer. Sin incentivo para trabajar. Sin incentivo para cuestionar. Sin incentivo para rebelarse. Drogados con pan. Distraídos con circo. Controlados sin necesidad de cadenas.
Y Roma cayó.
Pero la fórmula no murió con ella. Hoy usted recibe su dosis de trigo subsidiado en cada esquina — barato, adictivo, procesado con químicos — y su circo llega directo a la pantalla del teléfono. La fórmula tiene 2.000 años. Y sigue funcionando.
Dr. Guillermo Salinas
Centro Médico CENIT, Arica
Referencias:
1. Juvenal, Sátiras (Saturae), Sátira X, líneas 77-81 (circa 100-128 d.C.). Texto original en latín: Perseus Digital Library, Tufts University.
1. Rickman, G. (1980). The Corn Supply of Ancient Rome. Oxford University Press. ISBN 978-0198148388.
1. Garnsey, P. (1988). Famine and Food Supply in the Graeco-Roman World: Responses to Risk and Crisis. Cambridge University Press. ISBN 978-0521351980.
1. Erdkamp, P. (2005). The Grain Market in the Roman Empire: A Social, Political and Economic Study. Cambridge University Press. ISBN 978-0521838788.
Doctor Salinas
https://www.facebook.com/share/p/1AqCs1xHMv/
Hace 2.000 años, un poeta romano ya denunciaba la adicción al pan.
Se llamaba Décimo Junio Juvenal. Vivió en Roma entre los años 55 y 128 después de Cristo. Y escribió una frase que se convirtió en la más famosa de la historia sobre el control social:
“Panem et circenses.” Pan y circo.
Juvenal denunció que el pueblo romano había renunciado a su libertad, a su dignidad, a su participación política. ¿A cambio de qué? De dos cosas: pan gratis y espectáculo gratis. El pueblo más poderoso de la historia de la humanidad, reducido a pedir su dosis diaria de trigo.
¿Y cómo funcionaba el sistema? Exactamente como una operación de narcotráfico a escala imperial.
Roma repartía trigo gratis a 200.000 ciudadanos cada mes. El programa se llamaba la Annona — y era tan importante que tenían una diosa oficial del trigo con ese mismo nombre. Le acuñaban monedas con su cara. El funcionario que controlaba el suministro de trigo — el “praefectus annonae” — era uno de los hombres más poderosos del imperio. No era un ministro de agricultura. Era el hombre que decidía si el pueblo comía o no comía.
¿Y de dónde venía el trigo? De las colonias. De Egipto. Del norte de África. De Sicilia. Roma no producía suficiente para su propia población. Dependía totalmente de la importación. Cientos de barcos cruzaban el Mediterráneo cargados de trigo para alimentar a una ciudad de un millón de personas que no podía alimentarse sola.
Los políticos romanos descubrieron algo que nadie ha olvidado desde entonces: quien controla el trigo, controla al pueblo. Los hermanos Graco lo usaron para ganar lealtad popular. Julio César expandió la distribución. Augusto creó la burocracia permanente para administrarlo. Y cada emperador después de él mantuvo el sistema porque cortarlo significaba una revolución.
¿Y qué pasaba cuando el trigo se atrasaba? La gente enloquecía. Literalmente.
En el año 51 después de Cristo, cuando quedaban solo 15 días de reserva de trigo en Roma, una muchedumbre furiosa rodeó al emperador Claudio en el Foro y le lanzaron pedazos de pan duro a la cabeza hasta que los soldados tuvieron que sacarlo. En el año 68, la escasez de trigo ayudó a derrocar al emperador Nerón. En el año 189, alguien creó una escasez artificial para subir los precios, y el emperador Cómodo tuvo que mandar a la caballería a reprimir a la multitud.
Gente que se vuelve violenta cuando le quitan el pan. ¿Le suena conocido? Es exactamente el comportamiento de un adicto cuando le quitan la sustancia.
Juvenal no usó la palabra “adicción” porque ese concepto no existía en su época. Pero describió exactamente lo que hoy cualquier especialista en adicciones reconocería: un pueblo entero que renunció a pensar, a participar, a exigir, a luchar por sus derechos. A cambio de una dosis diaria de trigo y entretenimiento. Hace 2.000 años.
El sistema creó una clase completa de ciudadanos dependientes del Estado para comer. Sin incentivo para trabajar. Sin incentivo para cuestionar. Sin incentivo para rebelarse. Drogados con pan. Distraídos con circo. Controlados sin necesidad de cadenas.
Y Roma cayó.
Pero la fórmula no murió con ella. Hoy usted recibe su dosis de trigo subsidiado en cada esquina — barato, adictivo, procesado con químicos — y su circo llega directo a la pantalla del teléfono. La fórmula tiene 2.000 años. Y sigue funcionando.
Dr. Guillermo Salinas
Centro Médico CENIT, Arica
Referencias:
1. Juvenal, Sátiras (Saturae), Sátira X, líneas 77-81 (circa 100-128 d.C.). Texto original en latín: Perseus Digital Library, Tufts University.
1. Rickman, G. (1980). The Corn Supply of Ancient Rome. Oxford University Press. ISBN 978-0198148388.
1. Garnsey, P. (1988). Famine and Food Supply in the Graeco-Roman World: Responses to Risk and Crisis. Cambridge University Press. ISBN 978-0521351980.
1. Erdkamp, P. (2005). The Grain Market in the Roman Empire: A Social, Political and Economic Study. Cambridge University Press. ISBN 978-0521838788.
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