Salud mental de la cianobacteria
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Que nadie entre aquí sin saber de ecología.
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a partir de estas tendencias de busqueda de google, escribe un relato breve de ciencia ficción en un futuro muy próximo con humor satírico estilo Futurama

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En el año 2032, en un Madrid post-pandemia, donde el cambio climático había convertido el cielo en una enorme telaraña gris, el caos político y social reinaba como nunca antes. Todo comenzó cuando las “Telarañas de Madrid” se hicieron virales en redes, y los influencers de la ciudad comenzaron a usarlas como telón de fondo para sus selfies distópicos. Las telarañas, en realidad, no eran más que una acumulación de smog atrapado en los rascacielos por las nuevas torres solares de Chicote, reconvertido en magnate energético y dueño de “Brasas Chicote: Energía a la parrilla”, donde cada cliente asaba su carne con energía solar... o eso creían.

Mientras tanto, Isabel Díaz Ayuso, quien había ganado las elecciones autonómicas por cuarta vez consecutiva bajo el lema “Madrid se defiende con telarañas y cañas”, enfrentaba un problema serio: las tropas norcoreanas habían llegado a Ucrania, y la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que recientemente había declarado la independencia simbólica del "Reino de Lavapiés", temía que Kim Jong-un también quisiera reclamar su trocito de la capital española.

En la sede de Abogados Cristianos, un grupo de abogados ultraconservadores, la preocupación no era la guerra ni la telaraña gigante que colgaba entre la Torre Cepsa y el Edificio España. No, ellos estaban ocupados con la misteriosa desaparición de David Ortiz Urrea, famoso por sus mensajes apocalípticos en Almería, quien había predicho el fin del mundo cada lunes desde hacía tres años. Su última predicción había sido la más preocupante: “El fin vendrá cuando Feijóo se quite las gafas”. Nadie pensaba que Alberto Núñez Feijóo, el venerado (y siempre miope) líder del Partido Moderado de Centro Imaginario, alguna vez se desharía de sus icónicas gafas.

Pero cuando el propio Feijóo apareció en público sin ellas, el caos se desató. Las telarañas se duplicaron de tamaño, las raciones de calamares se volvieron prohibitivamente caras y las tropas norcoreanas confundieron Madrid con su objetivo, instalando una embajada en la Gran Vía.

Por suerte, la inteligencia artificial del Ayuntamiento, bautizada “San Google”, había sido programada para prevenir desastres como estos. O al menos, eso creía hasta que decidió que lo mejor para la ciudad era desconectar las torres solares de Chicote, devolviendo la energía de la ciudad a la época medieval. Todo esto mientras la prensa anunciaba la desaparición de Urrea como el “misterio más importante del siglo”, en realidad ocultando la verdad: el profeta apocalíptico no había desaparecido; simplemente había huido a Benidorm tras comprobar que las gafas de Feijóo eran falsas.
Lo mejor de los clicbaits no es entrar a leer o ver, sino imaginar lo que dicen a partir de lo que nos ha estimulado y tentado.
No te suicides, VÉNGATE.
La web de hoy en día da asco:

1️⃣ Sitios que no enlazan. El hipervínculo es el ladrillo fundamental de la web. Sin enlaces la web no tiene sentido. Sin embargo, los medios y los periodistas casi nunca enlazan nada que no sea a sí mismos. Publican noticias hablando de un informe, de unas declaraciones… ¡y no te enlazan la fuente! Es ignominioso. No quieren que contrastes lo que publican. Quieren mantenerte cautivo entre sus páginas. Otra razón más para no leer medios…

2️⃣ La infamia de las cookies. No sé qué es peor: si las cookies de seguimiento o la terrible e inútil obligación de informar al usuario antes de aceptarlas. (¡Prohíbelas o no, pero no llenes la web de tediosos avisos!). En la práctica, muchos configuramos el navegador para que destruya todo al terminar la sesión, dejándolas sin efecto. De nuevo, lo que hacen aquí los medios y el periodismo es criminal.

3️⃣ El abuso de la publicidad. Es cierto que a la web todavía le falta una API estándar y universal de monetización. Un botón para enviar instantáneamente valor (¿criptomonedas?) del usuario al autor. Sin intermediarios ni comisiones. ¿Que te gusta lo que estás leyendo? Envías 0,03 € al autor. A falta de ello, algunos intentan hacer con la web lo que ya hicieron con la tele: rebosarla de anuncios. Sí; de nuevo una ponzoña que chifla a los medios de comunicación…

4️⃣ Contenido escrito para bots. Algunos artistas del SEO han popularizado la imbécil idea de que hay que jalonar de keywords los textos «para que Google los posicione mejor». El resultado: da asco leer cualquier cosa en línea y da asco usar Google. De nuevo, el periodismo tiene que hacérselo mirar: un medio digital me cambió el título y frases enteras de un artículo «para que posicione mejor». ¿Pero para quién escribes, tolái, para tus lectores o para Googlebot?

5️⃣ Publicar un PDF cuando HTML valdría. Esto le chifla a nuestros políticos e instituciones. El Gobierno de Cantabria es un (contra)ejemplo. ¡PDF no es un formato nativo de la web! No es hipertexto. Cada vez que enlazan a un PDF, de hecho, te están sacando de la web. No siempre, pero con frecuencia PDF suele ser una ñapa.

6️⃣ WordPress. 😂

7️⃣ Sitios dinámicos para contenidos estáticos. Más lento y más caro. Por alguna razón en los 2000 triunfaron los CMS que construyen las páginas al vuelo en el servidor en vez del paradigma contrario: construir el sitio en local (build) y publicar contenidos estáticos. Muchas crisis de ciberseguridad vienen de ahí. Sorprendentemente, los sitios estáticos se han puesto de moda en los últimos años.

8️⃣ Contenido escrito por IA. Ya me ha ocurrido un par de veces: un paisano coge mis tuits, los mete en ChatGPT y genera un artículo para rellenar su blog o periodiquete digital. El resultado: basura. Porque en lugar de enlazar a la fuente original (1️⃣), prefieren generar contenido sin aportar nada nuevo e intentar monetizar (3️⃣) las visitas.

9️⃣ Google. Los buscadores fueron una bendición frente a los directorios (Yahoo!, DMoz…) Google hizo fabulosas contribuciones a la encontrabilidad en la web. En los 2000 todos nos cambiamos a Google en masa. Ahora, en cambio, su negocio está alineado con destruir lo que la web fue: infestarla de publicidad y perseguirte (tracking) hasta la letrina. Con la IA, empero, parece que esto podría cambiar rápido…

En definitiva: que la web como medio está degenerando rápidamente, como ya le sucedió a la televisión hasta matarla. Pero, a diferencia de esta, la web sigue siendo descentralizada y siempre tendrá costuras maravillosas.

Pero hay que saber surfearlas.

https://x.com/JaimeObregon/status/1849051074256101865?t=QaAj-9EVSEM-gyuADuPlTw&s=19