Salud mental de la cianobacteria
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Que nadie entre aquí sin saber de ecología.
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Salud mental de la cianobacteria
https://x.com/jose_valdecasas/status/1846264721705472421?t=ZbmIXJJOO1T_BdQvF9JERw&s=09
yo viendo un logo en pequeñito de un congreso: "anda...Triodos? que pintan en esto?"

ampliando: "ES UN COÑO CON UN NIÑO DENTRO!!!"
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(...) Así interpretamos nosotros los estudios sobre la retirada de la medicación ennuestra serie de artículos, y no habría escrito más sobre psiquiatría, si no hubiese sido porque me quedé con una duda por aclarar, con algo que me corroía. Mientras investigaba para los artículos, me había encontrado con dos cosas que sencillamente no tenían sentido. La primera, que investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard habían proclamado, en 1994, que la evolución de los enfermos de esquizofrenia en Estados Unidos había empeorado en las dos últimas décadas, y que no era mejor ahora de lo que lo había sido un siglo antes. La segunda, que dos estudios de la Organización Mundial de la Salud habían demostrado que la evolución de la esquizofrenia era mucho mejor en países pobres como India y Nigeria que en Estados Unidos y otros países ricos. Pedi a varios expertos su opinión sobre esos dos estudios de la OMS, y me explicaron que los malos resultados en Estados Unidos se debían a las políticas sociales y a valores culturales. Dijeron que en los países pobres las familias apoyaban más a las personas con esquizofrenia. Aunque esto parecía plausible, no era una explicación plenamente satisfactoria, y después de que se publicara la serie en el Boston Globe, volví atrás y leí todos los artículos científicos relacionados con el estudio de la OMS sobre resultados en la esquizofrenia. Me enteré así de este dato asombroso: en los países pobres, sólo se sometía a tratamientos regulares con antipsicóticos al 16% de los pacientes.
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Pero la eugenesia cayó en desgracia después de la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de la misma «ciencia» que habían aceptado Hitler y la Alemania nazi, y después de que Albert Deutsch revelara las atroces condiciones de los hospitales psiquiátricos del país, a los que comparaba con campos de concentración, muchos estados empezaron a considerar la posibilidad de tratar a los enfermos mentales en la comunidad. La política social cambió y los índices de altas se dispararon. En consecuencia, hay un breve espacio de tiempo entre 1946 y 1954 en el que podemos ver cómo les iba a los pacientes diagnosticados con esquizofrenia y hacernos una idea de la «evolución natural» de la esquizofrenia antes de la llegada del Thorazine.

He aquí los datos. En un ensayo clínico dirigido por el Instituto Nacional de Salud Mental, el 62% de los pacientes con un primer episodio psicótico ingresados en el Warren State Hospital de Pennsylvania desde 1946 hasta 1950 recibieron el alta en doce meses. Al cabo de tres años, estaban fuera del hospital el 73%. Un estudio de 216 enfermos de esquizofrenia ingresados en el Hospital Estatal de Delaware entre 1948 y 1950 dio resultados similares. El 80% recibió el alta en cinco años, y el 1 de enero de 1956 —seis años o más después de la hospitalización inicial—, el 70% vivía con éxito en la comunidad. El Hospital Hillside de Queens (Nueva York) hizo también un seguimiento de los 87 pacientes de esquizofrenia que recibieron el alta en 1950, y verificó que algo más de la mitad no recayeron nunca en los cuatro años siguientes. En ese mismo periodo, los ensayos clínicos realizados en Inglaterra, donde la esquizofrenia se definía con mayor precisión, describían una situación esperanzadora similar: el 33% de los enfermos disfrutaba de una «recuperación completa», y el 20% de una «recuperación social», lo que significaba que podían mantenerse y vivir por su cuenta.
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Estos ensayos daban una visión bastante sorprendente de la evolución de la esquizofrenia durante el periodo. Según la opinión generalmente aceptada, fue el Thorazine lo que permitió que las personas con esquizofrenia vivieran en la comunidad. Pero lo que encontramos es que la mayoría de los enfermos ingresados por un primer episodio de esquizofrenia durante los últimos años de la década de 1940 y los primeros de la de 1950 se recuperaron hasta el punto de poder volver a la comunidad en los primeros doce meses. Al cabo de tres años, el 75% de los pacientes había hecho otro tanto. Sólo un reducido porcentaje —el 20% más o menos— tuvieron que seguir hospitalizados. Además, los que se reincorporaron a la comunidad no vivían en hogares y centros de acogida, ya que ese tipo de servicios aún no existía. No recibían prestaciones del gobierno por discapacidad, porque los programas del SSI y el SSDI aún no se habían creado. Los que recibían el alta de los hospitales volvían en la mayoría de los casos con sus familias y, a juzgar por los datos de
recuperación social, muchos trabajaban. Había, en conjunto, razones para que las personas diagnosticadas con esquizofrenia en aquel periodo de posguerra se sintiesen optimistas y confiaran en recuperarse y desenvolverse bastante
bien en la comunidad.

Es importante subrayar también que la llegada del Thorazine no aumentó las altas hospitalarias en la década de 1950 de las personas recién diagnosticadas de esquizofrenia, ni disparó el número de los pacientes crónicos dados de alta. En 1961, el Departamento de Higiene Mental de California revisó los índices de altas de los 1.413 pacientes hospitalizados en 1956 por un primer episodio de esquizofrenia, y descubrió que el 88% de aquellos a los que no se había prescrito un neuroléptico había recibido el alta en dieciocho meses. El índice de altas de los que sí habían sido tratados con un neuroléptico, casi la mitad de los 1.413, era inferior: sólo el 74% recibió el alta en dieciocho meses. Se trata del único estudio a gran escala de la década de 1950 que comparaba los índices de altas de los pacientes tratados con y sin fármacos, y los investigadores llegaron a la conclusión de que los pacientes «tratados con medicamentos tienden a pasar más tiempo hospitalizados […] Los pacientes no tratados muestran regularmente un índice de internamiento un poco más bajo».
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«Se determinó que la recaída estaba significativamente relacionada con la dosis de la medicación tranquilizante que recibía el paciente antes de que se le empezase a administrar el placebo: cuanto más elevada la dosis, mayor probabilidad de recaída», aseguraban los investigadores.
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"Doomer optimism" es un concepto relativamente nuevo que emerge como una respuesta a la sensación generalizada de pesimismo (doomerism) frente a las crisis globales, como el cambio climático, el colapso ecológico, las tensiones económicas y las crisis sociales. Mientras que el "doomer" tradicional tiende a adoptar una visión profundamente pesimista o nihilista del futuro, anticipando un inevitable colapso y falta de esperanza, el "doomer optimist" adopta una postura más constructiva y activa, buscando soluciones locales y prácticas ante los desafíos globales.

Características del Doomer Optimism:

1. Conciencia del colapso: Los "doomer optimists" reconocen que la civilización global enfrenta crisis sistémicas graves, ya sean ecológicas, económicas o sociales. No niegan la posibilidad de un colapso o un futuro incierto, pero, en lugar de rendirse al fatalismo, ven esto como una oportunidad para el cambio y la adaptación.


2. Acción local y autosuficiencia: Una característica central del doomer optimism es su enfoque en la acción local. Inspirados por ideas como la permacultura, la autosuficiencia, la agroecología y la regeneración ecológica, buscan formas de vivir de manera más sostenible y resiliente a nivel personal y comunitario. Esto incluye esfuerzos por reducir la dependencia de sistemas globales frágiles, cultivar alimentos propios, y crear redes de apoyo locales.


3. Rechazo del nihilismo: Mientras que el "doomer" tradicional puede caer en un estado de desesperanza, el doomer optimist intenta cultivar una mentalidad más pragmática y proactiva. En lugar de simplemente resignarse a un futuro oscuro, busca adaptarse a los cambios y encontrar formas de vivir de manera significativa y ética en medio de la crisis.


4. Revalorización de lo simple: La idea de la simplicidad voluntaria y la reconexión con la naturaleza es fundamental en esta corriente. Muchos adeptos ven valor en reducir el consumo, vivir con menos, y priorizar la calidad de vida sobre el crecimiento económico o el consumo desmesurado.


5. Filosofía pragmática: El doomer optimism no promueve un idealismo utópico, sino un enfoque pragmático en cómo las personas pueden prepararse para un futuro incierto, reconociendo tanto las limitaciones como las oportunidades que se presentarán. A menudo se caracteriza por un enfoque en la resiliencia, tanto a nivel emocional como material, y en la construcción de comunidades más resistentes y autosuficientes.



Influencias del Doomer Optimism

El doomer optimism se alimenta de diversas corrientes filosóficas y prácticas contemporáneas:

Permacultura y agricultura regenerativa: Estas prácticas agrícolas que buscan regenerar los ecosistemas son fundamentales para quienes abrazan esta filosofía.

Teoría del colapso: Se apoyan en teorías sobre el declive de las civilizaciones complejas (inspiradas en autores como Joseph Tainter o Jared Diamond) y la necesidad de adaptación local para sobrevivir y prosperar.

Resiliencia comunitaria: Se enfoca en construir redes de apoyo locales que permitan a las personas sobrevivir colectivamente las tensiones y las crisis.

Teoría de la simplicidad: Inspirada en pensadores como Ivan Illich y E.F. Schumacher, valora la vida simple, la tecnología apropiada y la descentralización.


Ejemplos prácticos de Doomer Optimism

Los adherentes al doomer optimism pueden involucrarse en prácticas como:

Agroecología y permacultura: Cultivar alimentos de manera sostenible para aumentar la autosuficiencia y reducir la dependencia de sistemas industriales.

Vivir off-grid: Muchos optan por desconectarse de las infraestructuras globales, construyendo hogares que funcionan con energías renovables o sistemas autónomos.

Reactivación de comunidades locales: Construcción de economías locales, intercambio de bienes y servicios y reconstrucción de lazos comunitarios.
En resumen, el doomer optimism es una respuesta proactiva a la sensación de desesperanza frente a las crisis globales. A diferencia del nihilismo del doomerismo puro, busca fomentar la adaptación, la resiliencia y el sentido de agencia, promoviendo soluciones locales y prácticas que abordan los problemas más urgentes de nuestra era.