#15 Tu móvil te escucha, y lo sabes 📱👂
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#15 Tu móvil te escucha, y lo sabes 📱👂
[🗞️] Esos anuncios en tu móvil no eran casuales, te escucha y ahora hay documentos que confirmarían como te escucha el micrófono de tu teléfono para mejorar la publicidad...
El ANÁLISIS de The SUBSTANCE (La Sustancia)
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Ada Lovelace - Wikipedia, la enciclopedia libre
https://es.wikipedia.org/wiki/Ada_Lovelace
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a partir de estas tendencias de busqueda de google, escribe un relato breve de ciencia ficción en un futuro muy próximo con humor satírico estilo Futurama
Tendencias de búsqueda
david ortiz urrea desaparecido almeria
abogados cristianos
restaurante brasas chicote
diaz ayuso
Presidenta de la Comunidad de Madrid
tropas norcoreanas en ucrania
alberto núñez feijóo sin gafas
telarañas madrid
En el año 2032, en un Madrid post-pandemia, donde el cambio climático había convertido el cielo en una enorme telaraña gris, el caos político y social reinaba como nunca antes. Todo comenzó cuando las “Telarañas de Madrid” se hicieron virales en redes, y los influencers de la ciudad comenzaron a usarlas como telón de fondo para sus selfies distópicos. Las telarañas, en realidad, no eran más que una acumulación de smog atrapado en los rascacielos por las nuevas torres solares de Chicote, reconvertido en magnate energético y dueño de “Brasas Chicote: Energía a la parrilla”, donde cada cliente asaba su carne con energía solar... o eso creían.
Mientras tanto, Isabel Díaz Ayuso, quien había ganado las elecciones autonómicas por cuarta vez consecutiva bajo el lema “Madrid se defiende con telarañas y cañas”, enfrentaba un problema serio: las tropas norcoreanas habían llegado a Ucrania, y la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que recientemente había declarado la independencia simbólica del "Reino de Lavapiés", temía que Kim Jong-un también quisiera reclamar su trocito de la capital española.
En la sede de Abogados Cristianos, un grupo de abogados ultraconservadores, la preocupación no era la guerra ni la telaraña gigante que colgaba entre la Torre Cepsa y el Edificio España. No, ellos estaban ocupados con la misteriosa desaparición de David Ortiz Urrea, famoso por sus mensajes apocalípticos en Almería, quien había predicho el fin del mundo cada lunes desde hacía tres años. Su última predicción había sido la más preocupante: “El fin vendrá cuando Feijóo se quite las gafas”. Nadie pensaba que Alberto Núñez Feijóo, el venerado (y siempre miope) líder del Partido Moderado de Centro Imaginario, alguna vez se desharía de sus icónicas gafas.
Pero cuando el propio Feijóo apareció en público sin ellas, el caos se desató. Las telarañas se duplicaron de tamaño, las raciones de calamares se volvieron prohibitivamente caras y las tropas norcoreanas confundieron Madrid con su objetivo, instalando una embajada en la Gran Vía.
Por suerte, la inteligencia artificial del Ayuntamiento, bautizada “San Google”, había sido programada para prevenir desastres como estos. O al menos, eso creía hasta que decidió que lo mejor para la ciudad era desconectar las torres solares de Chicote, devolviendo la energía de la ciudad a la época medieval. Todo esto mientras la prensa anunciaba la desaparición de Urrea como el “misterio más importante del siglo”, en realidad ocultando la verdad: el profeta apocalíptico no había desaparecido; simplemente había huido a Benidorm tras comprobar que las gafas de Feijóo eran falsas.
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En el año 2032, en un Madrid post-pandemia, donde el cambio climático había convertido el cielo en una enorme telaraña gris, el caos político y social reinaba como nunca antes. Todo comenzó cuando las “Telarañas de Madrid” se hicieron virales en redes, y los influencers de la ciudad comenzaron a usarlas como telón de fondo para sus selfies distópicos. Las telarañas, en realidad, no eran más que una acumulación de smog atrapado en los rascacielos por las nuevas torres solares de Chicote, reconvertido en magnate energético y dueño de “Brasas Chicote: Energía a la parrilla”, donde cada cliente asaba su carne con energía solar... o eso creían.
Mientras tanto, Isabel Díaz Ayuso, quien había ganado las elecciones autonómicas por cuarta vez consecutiva bajo el lema “Madrid se defiende con telarañas y cañas”, enfrentaba un problema serio: las tropas norcoreanas habían llegado a Ucrania, y la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que recientemente había declarado la independencia simbólica del "Reino de Lavapiés", temía que Kim Jong-un también quisiera reclamar su trocito de la capital española.
En la sede de Abogados Cristianos, un grupo de abogados ultraconservadores, la preocupación no era la guerra ni la telaraña gigante que colgaba entre la Torre Cepsa y el Edificio España. No, ellos estaban ocupados con la misteriosa desaparición de David Ortiz Urrea, famoso por sus mensajes apocalípticos en Almería, quien había predicho el fin del mundo cada lunes desde hacía tres años. Su última predicción había sido la más preocupante: “El fin vendrá cuando Feijóo se quite las gafas”. Nadie pensaba que Alberto Núñez Feijóo, el venerado (y siempre miope) líder del Partido Moderado de Centro Imaginario, alguna vez se desharía de sus icónicas gafas.
Pero cuando el propio Feijóo apareció en público sin ellas, el caos se desató. Las telarañas se duplicaron de tamaño, las raciones de calamares se volvieron prohibitivamente caras y las tropas norcoreanas confundieron Madrid con su objetivo, instalando una embajada en la Gran Vía.
Por suerte, la inteligencia artificial del Ayuntamiento, bautizada “San Google”, había sido programada para prevenir desastres como estos. O al menos, eso creía hasta que decidió que lo mejor para la ciudad era desconectar las torres solares de Chicote, devolviendo la energía de la ciudad a la época medieval. Todo esto mientras la prensa anunciaba la desaparición de Urrea como el “misterio más importante del siglo”, en realidad ocultando la verdad: el profeta apocalíptico no había desaparecido; simplemente había huido a Benidorm tras comprobar que las gafas de Feijóo eran falsas.
Lo mejor de los clicbaits no es entrar a leer o ver, sino imaginar lo que dicen a partir de lo que nos ha estimulado y tentado.