Salud mental de la cianobacteria
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Que nadie entre aquí sin saber de ecología.
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Con algunos ejemplos decisivos extraídos de la historia de la ciencia, en la década 1970 Paul Feyerabend mostró que no hay método ni principios para la práctica científica. De hecho, resulta necesario quebrantar ciertas reglas metodológicas para que surjan nuevas teorías. Es lo que les ocurrió a Niels Bohr y Werner Heisenberg mientras trabajaban en el modelo matemático del átomo de hidrógeno. El modelo confeccionado por Heisenberg era perfecto, pero tenía el «pequeño» inconveniente de que violaba el principio de conservación de la energía, dogma fundamental de la física. Sin embargo, Bohr, que era por aquel entonces el jefe del joven matemático, no dudó en aceptarlo, aduciendo que a esa escala quizá la ley no se cumplía. No se trata de una mera hipótesis teórica, sino de una necesidad para el progreso científico. Para Feyerabend, la variedad de teorías es fructífera para la ciencia; el único principio irrenunciable es no renunciar a nada, por muy disparatado que parezca. Ninguna nueva teoría coincide jamás con todos los hechos, pues lo que entendemos por «hechos» se erige en función de antiguas teorías. A ello hay que añadir la distorsión que provoca el instrumento. El telescopio desmiente lo que se ve a simple vista, y lo mismo cabe decir del microscopio. Como sostenía Whitehead, la escala de observación crea el fenómeno. Feyerabend fue incluso más lejos al afirmar que no hay ninguna diferencia entre los mitos y las teorías científicas; la ciencia es una entre muchas formas de conocimiento, por lo que no debe considerarse superior a las demás (aunque evidentemente resulte más efectiva para ciertos fines). La idea de una única teoría del conocimiento era para Feyerabend «una vieja patraña». Las personas piensan, pero también viven y tienen experiencias que no podrán encajar nunca en abstracciones teóricas, por muy sofisticadas que sean.

En Zúrich hay un archivo que guarda mil doscientos sueños del Premio Nobel de Física Wolfgang Pauli. Este genio precoz de la mecánica cuántica, al que Einstein nombró informalmente su heredero, ya había formulado en la década de los treinta el principio de exclusión que le haría merecedor del Premio Nobel. También había predicho la existencia del neutrino, una escurridiza partícula sin masa que no será descubierta hasta 1956. Nacido en una familia acomodada de la Viena fin de siècle, una serie de acontecimientos catastróficos (el suicidio de su madre, el abandono de su mujer) lo arrojan a la bebida. Se vuelve una persona irascible, sarcástica e insoportable, hasta que toca fondo y cae en manos de Carl Jung. Algo subliminal guía nuestra conducta entre bastidores. La idea, muy antigua, ya fue planteada por el filósofo budista Vasubandhu. En las capas más profundas de lo inconsciente se almacena un sinfín de imágenes y experiencias compartidas que afloran en circunstancias favorables. A ese legado viviente accede Jung a través de las personas a las que trata. En sus alteraciones emocionales se manifiestan los arquetipos, imágenes primigenias de la psique con energía propia y una considerable autonomía, capaces de dirigir el comportamiento e incluso de adueñarse de la voluntad. En su primer encuentro con Pauli, Jung advierte enseguida que el físico teórico muestra un rico «material arcaico» de «alto valor arquetípico» y lo deriva a una colaboradora que comienza a anotar cuidadosamente sus sueños —material con el que Jung escribirá Psicología y alquimia—. Pauli comparaba el efecto de la observación en un sistema cuántico con la transformación espiritual que describen las tradiciones alquímicas. De hecho, pretendía formular una teoría cuántica de campos que describiera la relación entre el campo y su fuente como dual y complementaria, comparando la situación del observador en el laboratorio con la relación entre lo consciente y lo inconsciente.
En uno de sus artículos escribe: «Dado que lo inconsciente no es mensurable cuantitativamente y por tanto no es susceptible de descripción matemática, y dado que cada estado de conciencia debe alterar lo inconsciente, cabe suponer un “problema de observación” que, aunque implica dificultades considerablemente mayores, presenta analogías con la física atómica». El interrogante acerca de la unidad de lo físico y lo psíquico será un tema recurrente en la correspondencia y en algunas de las conferencias de Pauli. En su afán por integrar los descubrimientos de la física cuántica con los de la psicología analítica (la filosofía de la época estaba entretenida con sus lamentos), Pauli y Jung publicaron un libro a cuatro manos, titulado La interpretación de la naturaleza y la psique, en el que desarrollan la noción de sincronicidad, que ambos venían elaborando en su correspondencia. Los dos científicos trabajaban en la frontera de sus disciplinas. Pauli había contribuido decisivamente a poner patas arriba la física, que era la ciencia imperante. Jung trabajaba con un tipo de experiencias, sueños y premoniciones, que habían sido vetadas en los congresos de psiquiatría por acientíficas, debido entre otras cosas al dominio de una física mecanicista que empezaba a desmoronarse.

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O exemplo final é demasiado obvio e distrae da idea de que TODO está a funcionar así. O consumo de petróleo, por exemplo, e os seus milleiros de derivados xa foi descrito como unha adicción cando se falaba de decrecemento na época dos movementos anti globalización.
https://www.instagram.com/reel/Cuy2i-fxuqiZ4Q983wFCHHr90IGFsV3D7ovi_A0/?igsh=Y2V6amdtNm12ZWp5
Forwarded from Ministry of good ideas
Good Idea: Establish some smart smartphone rules in your relationship

https://playtext.app/doc/DXc06rU8fZF1Pjuhr0sy

The article, based on a therapist's insights, advocates for establishing smart smartphone rules in relationships. The therapist highlights the disruptive impact of smartphones on couples, emphasizing the need to prioritize meaningful communication over constant digital distractions. The COVID-19 pandemic intensified relationship challenges, leading to a surge in couples seeking therapy. Looking ahead, the article suggests that couples, especially those with young children, need to reconsider power dynamics and negotiate new balances. The silver lining lies in increased mental health awareness, particularly among younger generations.